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jueves, octubre 29, 2009

Vietnam, Secretos y Documentos del Pentágono, la Verdad Expuesta, o la Conspiración Interminable... Tercera Parte y Final

Tercera Parte

Ya lo he dicho en otro lugar, la edad de la ironía empezó quizá ahí mismo, para luego reforzar el tema con Watergate, luego con Carter, los rehenes en Irán, Reagan, Iran-Contras, y un largo etcétera que no sabemos si terminará, lo más seguro es que no, con el tema de las Armas de Destrucción Masiva que Iraq nunca tuvo.

La edad del “no te creo, gobierno”, empezó ahí.

La cosa aquí era que no había nadie por entonces quien tuviera pruebas de lo anterior. No había nada que llegase a la prensa, pensando que en c

aso de existir ese tipo de prueba, ella lo exhibiría al mundo, lo denunciaría, que primero pensaran que sí, que el gobierno elegido por el pueblo para el pueblo le mintiera al pueblo, era axiomático, imposible que algo así sucediera.

A lo mucho llegaban reportes “leaked”, o filtrados que no eran del todo tratados con credibilidad o con la propia relevancia que se requería ya que siempre había la doble intención de perjudicar a alguien, eran calculados en su alcance y daño.

Pero bueno, resulta que después que llegó Daniel Ellsberg de Vietnam, con un ya grave problema de conciencia, empezó a jugar con la idea, ya de nuevo en el Pentágono y después de leer, comprobar, reforzar su idea de que mucho estaba equivocado al respecto de la Guerra y de la dirección que estaba tomando, y sabiendo desde el principio que todo era una pesadilla, y que ahora se estaba volviendo todo un gigantesco pantano que estaba enlodando a todos y matando a mas y mas personas de ambos lados.

Para esto encontró y empezó a leer un reporte que abarcaba varias décadas de la intervención norteamericana en Vietnam. Para entonces ya era 1968. Ya habían muerto Martin Luther King y Robert Kennedy y junto con ellos murieron el idealismo y el optimismo de que las cosas podrían cambiar. Fueron días de dolor auténtico.

Porque he de decirles que había gente que sí creía que había redención de todo esto, que sí había salida a toda esta pesadilla, que ya había llegado el momento de parar toda la Bestia, la maquinaria inexorable de moler carne, de todo el aparato de guerra traducido en bombas, aviones, balas, proyectiles, minas, la colosal justificación de la destrucción en el sudoeste asiático, o, que había que buscar el modo de acordar que todo mundo saliera sin problemas (el doctor King fue el único líder de renombre nacional, o tal vez mundia, había ganado el Premio Nobel en 1964, con un plan razonable de salida), o con problemas, los de esperar.

Ahora con sus muertes, nada pasaría, ya no había líderes (¿el candidato demócrata y ex vicepresidente Hubert Humphrey? Un miedoso siempre de su ex jefe el presidente Johnson, ¿Nixon? ¿Bromean?), ya no había nadie qué deseara la paz.

Así las cosas, el reporte le dio a Ellsberg la visión de todo el panorama histórico, desde que los japoneses liberaron Vietnam de los franceses, y luego con la derrota japonesa, la reconquista de su colonia de parte de estos, cosa a la que ya se había renunciado debido a la firma de la Carta del Atlántico, en la que las naciones firmantes renunciaban al colonialismo; luego los reconocimientos a Ho Chi Minh como cabeza de estado, para luego desconocerlo; luego el apoyo norteamericano a los franceses, luego su retiro; luego la caída de estos en manos de los vietnamitas; luego la negación de los acuerdos de 1954 de crear elecciones libres en ambos territorios, ¡¡de parte de los Estados Unidos!!

Todo eso en el panorama mezclado por ese terror a lo rojo, pensando que todo el mundo era un lugar para pelear contra los comunistas, que no se podía dar marcha atrás, que cualquier derrota por pequeña que fuera sería la primera de muchas, que era mejor Dead Than Red, y miles de suposiciones similares.

Ese era el reporte creado a partir de miles de páginas de memorándums secretos, de reportes sesgados, de cables de embajada pesimistas, de peticiones de más secretos.

Al pueblo de los Estados Unidos sólo le llegaba un optimismo incierto de que todo se haría como siempre, que su nación saldría venturosa de esa operación militar que no parecía crecer, pero que lo seguía haciendo cada vez más. ¿Cómo se notaba? Con mas muchachos llegando en cajas cubiertas con la bandera americana. Y con más muchachos llegándoles la invitación a presentarse en la Junta Local de Reclutamiento.

Daniel Ellsberg decidió por fin que quizá exponiendo los papeles al mundo, podrían entenderse muchísimas cosas sobre la Guerra de Vietnam y el gobierno de los Estados Unidos. Esperaba que con ese entendimiento las decisiones de los líderes de opinión fueran ya decisivas voces en contra de la Guerra.

Lo que siguió fue tortuoso: sacar los documentos de donde estaban guardados, sacar las miles de copias en secreto, con aquellas gigantes copiadoras tan lentas de aquellos años, y luego organizarlas y para acabarla, buscar el interlocutor correspondiente, correcto, a quien pudiera hacerle sentido.

¿Qué lograría Ellsberg? Mandárselos primero a un funcionario aliado y favorable, pero como esto no ocurrió, demasiados que decidieron no pagar el costo político por fin se decidió por la prensa, el New York Times, para ser exactos.

Y pensaba, quizá ingenuamente, que con eso podría causar un cambio en la opinión pública, tan demoledora en muchas circunstancias, tal como darse cuenta que estaban equivocados y hasta el 31 de enero de 1968, cuando los vietnamitas del Norte atacaron en docenas de lugares de manera simultánea en los territorios de Vietnam del Sur incluyendo casi tomando la misma y ultradefendida embajada de Estados Unidos en Saigón por más de seis horas. Eso acabó con la idea que la guerra de Vietnam, era una victoria segura, idea falsa para esto, desde el principio.

Bueno, como dije, nadie le aceptó los Documentos, hasta que llegando a marzo de 1971, el NYT lo escuchó.

Y no hicieron nada en ese momento… Pensaba Ellsberg si todo eso había sido inútil. El FBI lo presionaba y la guerra continuaba, Nixon ya había anunciado que se estaba bombardeando otro país más, Camboya, sin permiso del Congreso, cosa absolutamente inaudita. Todo seguía, la matanza allá continuaba, los soldados regresando en bolsa con zipper aumentaban, los bombardeos, la pesadilla.

Pero el 13 de junio de 1971 todo explotó. El New York Times lo publicó en primera plana, Vietnam Archives: Pentagon Study Traces 3 Decades of U.S. Growing Involvement, Archivos de Vietnam: Estudio del Pentágono Sigue 3 Décadas de Creciente Envolvimiento de EU.

El Gobierno de Estados Unidos prohibió al NYT la publicación del material, o sea, ¡un acto de censura como no se había visto en 200 años! Pero Ellsberg evitó la censura total pasándole material al Washington Post, y luego al Boston Globe, Los Angeles Times y posteriormente a 17 periódicos más.

Okey, se publicaron de nuevo en el NYT, 50 planas completas, la gente lo leyó, la televisión lo mencionó. Salió el cochinero.

Pero la guerra no se detuvo.

Eran documentos llenos de nombres, de siglas, de frases extrañas, de eufemismos, de puestos, de departamentos, de lugares, de operaciones, de nombres de lugares exóticos.

Pero lo claro fue… No puedes confiar en el gobierno. Ya no puedes confiar en lo que te dicen, ya no puedes confiar en su juicio. El Presidente de los Estados Unidos, ya no es infalible. Lo peor, que el Presidente de los Estados Unidos sí se equivoca.

Nunca, en esos documentos apareció que Nixon mentía, o que Nixon declaraba sus verdaderos planes… eso apareció dos años después, en las grabaciones de Watergate. Entonces se vería con claridad, que por decir el bombardeo con aviones B52 a Haiphong, el puerto más importante de Vietnam del Norte, que se estaba haciendo por esa época, se había aconsejado como nada efectivo, pero sin embargo se llevaba a cabo.

Esa era otra conclusión, consejo tras consejo que todo apuntaba a una larga guerra sin victoria a la vista, se habían previsto desde 1961, en tiempos de Kennedy, que mejor era que no se metiera. Aún así los consejos prevalecientes era aumentar las tropas. Eso provocaba solo que se endureciesen las cosas que hacía a su vez que se necesitaran más tropas, lo que sólo provocaban mayores problemas que hacían requerir más tropas.

Círculos viciosos de la peor clase.

Y todo mundo se escudaba con que no se está ganando la guerra porque había faltado decisión en el momento correcto, y por supuesto, más tropas.

¿Suena familiar?, recordemos que ahora hay dos guerras de Estados Unidos, una inventada en base a mentiras, la otra en base a una equivalencia de que si las avispas me picaron, voy a la casa del vecino en donde están las avispas, a destrozarla, aunque no las encuentre nunca.

Luego Nixon se iría a China, a Rusia en 1972, y todo el asunto de la Guerra Fría, al menos como para pelearla en Vietnam, ya no parecía tan grave. Se llegaron a acuerdos repentinos con los vietnamitas del Norte en cuanto a retirar tropas. No se dijo nada acerca de bombardeos, existía el miedo acerca de que si se retiraban esas tropas Vietnam del Sur se desmoronaría, cuestión que Kissinger y Nixon impedirían con bombardeos estratégicos, aun que ya no hubiera tropas americanas en Vietnam.

Llegó 1973, se retiraron las últimas tropas norteamericanas y por fin el Congreso negó los fondos para que siguieran esos bombardeos, que según esto, con todo y negativa de la gente de los militares respecto a sentir que se hacía lo correcto, siguieron tirando sobre la gente en el Norte.

Al no haber fondos, no más guerra, así de sencillo hubiera sido todo eso de suspenderla. Las guerras se hacen con dinero, al no haber dinero, no hay guerra. Dile eso al que fabrica el napalm, al que fabrica los aviones, las armas, las balas, los cascos, las minas, los lanzallamas, los helicópteros, los B52.

Sencillo y complicado al mismo tiempo. Muy complicado.

A Daniel Ellsberg lo enjuiciaron, pero salió libre cuando se sobreseyó el caso, es decir, cuando no se le vieron méritos de traición, porque él no traicionó a su país, él le dio documentos incriminatorios de una guerra falsa, ella sí criminal, a través de su prensa, a su propia nación, no a una nación enemiga, plantada por su propio gobierno, esa es la clave de todo.

Es cuando se entiende de que se trata todo esto.

Cuando un ciudadano es testigo de los desfiguros de su nación, realizados por sus gobernantes, tiene el derecho, la obligación, de denunciar, de exponer, de demostrar lo que está sucediendo.

Esa es la lección de Daniel Ellsberg. Alguien que estuvo en medio de todo, en las entrañas del sistema, que percibió la podredumbre, y que salió airoso.

Necesitamos de ese tipo de personas, y sé que no hay muchos documentos en países como este, México, en el que mucho de todo se habla, sin que nadie escriba o registre documentos. Y lo único que logran, a su conveniencia, es sacar grabaciones de celular que autoincriminan a personas al hablar éstas estúpidamente a las que es preciso hacerles daño públicamente según sus conveniencias.

Watergate, el famoso caso Watergate, empezó con la contratación de un grupo de incondicionales que se metieron a la oficina del psicoanalista de Ellsberg, en 1972 a buscar detalles incriminatorios en contra de él, actividad totalmente ilegal por donde se vea. Luego irían ahí, envalentonados, al hotel Watergate, a las oficinas del partido Demócrata, en Washington, D.C.. Luego el camino del dinero indicaría a Carl Bernstein y a Bob Woodward del Washington Post, que todo dependía de las órdenes de la Casa Blanca.

Llegaron las grabaciones de un presidente paranoico, las ordenes de un juez para mostrarlas, el escucharlas, y en agosto de 1974 la renuncia de ese presidente.

Saigón cayó cuando los del Norte arrasaron en una marcha incontenible, con todo, en 1975. Unificaron su país y Saigón ha sido Ciudad Ho Chi Minh desde entonces.

A los diez años, en 1985, seguían pobres. En 1995 ya estaban levantando cabeza. En 2005, ya estaban aspirando a ser un tigre asiático y aunque todavía hay pobreza, ésta ya no es tanta como antes y durante tiempos de los norteamericanos.

Daniel Ellsberg es ahora protagonista de un documental llamado “El Hombre más Peligroso de Norteamérica”, título con el que lo designó Henry Kissinger por entonces, y que se acaba de estrenar el 3 de Octubre de este año de 2009.

Al parecer Daniel Ellsberg, de 78 años, sigue con sus ponencias acerca de lo que es correcto o no, con sus críticas al gobierno, en la búsqueda de hacer lo mejor que le dicte su conciencia.

Mi camisa negra favorita es tipo Polo, fue hecha en Vietnam y fue comprada en Estados Unidos.

Y todavía no entiendo, igual como cuando estaba pequeño, que fue todo eso llamado… Vietnam.

Pero lo que sí entiendo, como bien dice la revista Time, que la historia está llena de hombres ordinarios que realizan actos extraordinarios, tal y como lo hizo Daniel Ellsberg.

“El terreno estaba siempre en juego, siempre en movimiento. Bajo el suelo el terreno era suyo, el de arriba era el nuestro. Teníamos el aire, podríamos subir, pero no desaparecer en el cielo, podríamos correr pero no escondernos, y él podía hacer tan bien eso, que incluso parecía que podía hacerlo al mismo tiempo… Siempre, un lugar u otro estaba ocurriendo todo el tiempo, nosotros teníamos el día, él tenía la noche...”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

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Secretos, parte dos, las falacias que se daban en Vietnam en base a la cual la guerra se mantuvo por años y años y años...

Pero bueno, no voy a contar lo que todos conocemos, sino lo que le pasó a Daniel Ellsberg de manera lo más sencilla posible, ¿ok?

Daniel Ellsberg fue un analista con doctorado y todo que se dedicó a analizar la Teoría de Juegos y el concepto del Regateo en Negociaciones, además de haber dado conferencias y seminarios sobre “El Arte de la Coerción”.

Detengámonos por un segundo y recordemos la definición de “coerción”: La amenaza de utilizar la violencia (no solo física sino de cualquier otro tipo) con el objetivo de condicionar el comportamiento de los individuos. Estos son otros títulos de pláticas que dictó: “La Teoría y Práctica del Chantaje”, y “Los Usos Políticos de la Locura”.

Pero el contexto que hay que aclarar es que estas conferencias tenían que ver con los chantajes que Hitler utilizó para poner en jaque a Austria y a Checoslovaquia en 1938 para forzarlos a unírseles, si no serían aplastados por la fuerza bruta militar alemana, eso aunado al uso psicológico que ejercía su conducta errática violenta sobre los gobiernos de Europa Central de por entonces que caldeó muchísimo el ambiente a su favor.

Lo que hay que detallar es que en ese momento de esas conferencias (1959) fueron atendidas, y muy bien recordadas diez años después, por Henry Kissinger.

Henry Kissinger para esto fue un personaje nefasto de la política norteamericana por muchos años que manejó la política internacional de los Estados Unidos desde 1969 hasta 1975 y un poco más allá, hasta que llegó a la presidencia Jimmy Carter en 1977.

Sí, eso puede ser considerado historia antigua para muchos, para mí en su momento fue leer los periódicos del diario, insisto. Así fue con todas sus contradicciones, con todas sus complejidades y con todas sus circunvoluciones laberínticas y bizantinidades, mi caso ni más ni menos.

El caso es que Ellsberg se consideraba un cold warrior, o sea, un creyente en la “Guerra Fría”, anticomunista, vaya, que podía ser pacifista y que por ello tenía la idea de que estar trabajando para el establishment era sólo para evitar una guerra mayor, y no estoy siendo irónico, él se metió a los Marines porque pensaba, creía, que ellos, los Marines no matan civiles, ni bombardeaban a ciegas blancos no combatientes. Porque él creía que eso era inmoral, no el pelear por tu país, sino hacer la guerra contra gente indefensa.

Después de salir de los Marines Ellsberg trabajó para la Rand Corp., una especie de trust de cerebros que era contratada por el gobierno para hacer miles de tipos de análisis de prospectiva muy diversos, que muchos de ellos en aquél momento se necesitaban para evaluar entre otras cosas los poderes militares soviético y chino, incluyendo las que correspondían a las respectivas capacidades nucleares, tareas absolutamente necesarias para ayudar a la toma de decisiones a mero arriba.

Por el tamaño de lo que sucedía por entonces se movía gente a todas partes donde se necesitase, Ellsberg quedó en el mero centro de donde sucedían las cosas, dentro del Pentágono, y a él mismo le tocó leer los cables, así se llamaban los mensajes entonces, que avisaban de lo que sucedía casi instantáneamente medio mundo a la distancia.

Así empezó a ver cosas curiosas, como por ejemplo lo de Tonkin, en la circunstancia de que en el instante de los hechos, los cables llegaban muy rápido y mostraban una situación de ataque no del todo convincente. Ellsberg en medio de la confusión de momento comenzó a ver algo que no era coherente en lo que leía en los memorándums entre sus jefes y los asesores del presidente Johnson, quién había sucedido a Kennedy después de su muerte, y lo que se decía a la prensa y por consiguiente al público.

A partir de ahí Estados Unidos entró en estado de defensa contra Vietnam del Norte. No propiamente en estado de guerra, que conste, ya sabemos cómo se manejan esas cosas del lenguaje, muy propiamente orwelliano.

Y apenas era el año de 1964. Y no quiero extenderme mucho con Ellsberg, valdría la pena, pero mejor recomendar su libro de Secrets.

Después de esa ocasión en Rand y de ver memorándums secretos por todos lados, Ellsberg aceptó una oferta para trabajar en el Departamento de Defensa para asistir a un alto oficial primariamente en la responsabilidad de hacer la política de Vietnam y para eso tenía que ir ahí mismo, a Vietnam, para ver de primera mano lo que sucedía, no sólo leer los deprimentes cables que le llegaban en una oficina cómoda del Pentágono.

Hay que entender más cosas. China, Rusia, eran big players, todo lo que sucedía tenía que calcularse con estos protagonistas pesados de primera línea. Agreguémosles luego en casa a los demócratas, y a los republicanos, y a la prensa, y al electorado, y dentro de la administración tenemos a los que querían borrar a los vietnamitas con bombas nucleares, y los que ya querían salirse sin preocuparse esa maniobra pareciera una derrota, o los políticos que estaban al acecho esperando su turno de jugar a la guerra con soldados de verdad y balas de verdad y muchos, muchos muertos también de verdad.

Ahora revisemos algunas de las pretensiones, las creencias, las falacias en cuya base se tomaban decisiones importantes.

La creencia en un concepto llamado Teoría del Dómino, si caía Vietnam del Sur, caía el sur de Asia y luego Filipinas y luego caería Japón.

La creencia de que si bombardeabas con napalm la jungla de Vietnam, ya no tendrían los del Viet Cong lugares donde esconderse.

La pretensión de que el prestigio de los Estados Unidos sería humillado con la consiguiente pérdida de reputación y con el consiguiente avivamiento de deseos de crear otros Vietnams en todo el mundo por parte de los rojos.

La pretensión de que se estaba ganando la guerra debido sólo al conteo de cuerpos de combatientes.

La pretensión de que es la tecnología, el armamento avanzado, y las tácticas “normales” de guerra las que deciden una victoria.

La pretensión de que se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo por siempre.

La pretensión de que por ser invasor y pelear en un país ajeno contra gente que vive ahí mismo, además de querer imponerles otro estilo de vida, todavía querer pensar que te estarán agradecidos por ello.

La creencia que eres el líder moral del mundo, aunque dejes caer más tonelaje de bombas en un año, que el que dejaste caer contra el enemigo en toda la segunda guerra mundial, y así por varios años, afirmando que esa era la mejor manera de lograr la paz.

La creencia de que con más y más soldados podrás lograr tus objetivos.

La creencia que es posible tirar una bomba atómica sobre un país y no esperar reacciones de los chinos o de los rusos.

La creencia que tienes a la prensa más influyente en tus manos.

La creencia que la opinión pública también está en tus manos.

La creencia que hay solo un tipo de paz, la tuya.

La creencia de que no es necesario hacer trabajo de campo, que sólo con leer memorándums, informes no confirmados, reportes sin verificar, opiniones de segunda o tercera mano, todo lo que pueda hacerse sin necesidad de estar allá en el campo, podrías saber cómo es la verdad, cómo es la realidad.

Y así muchas más.

¿Verdades que sí lo eran sin que la gente lo supiera? Ahí van:

Esperar provocaciones para contestar con respuestas incrementadas.

Corrupción rampante, de todos lugares, y todo mundo aceptándola como hecho consumado, sobre todo ellos, los norteamericanos, sabiendo por ejemplo que el cemento que se mencionaría en algún informe o reporte o discurso, midiéndose por decenas de miles de toneladas, se harían con él aulas que se desgajarán raspando con el mismo pulgar de tan mal hechas, toneladas que entraron al mercado negro.

Camarillas elegidas para el mismo gobierno en perjuicio de los propios habitantes, llenas de privilegios, poseedores de la riqueza y que realmente lo único que importaba no era su voluntad de gobernar democráticamente y con justicia, sino que era más bien su lealtad a los Estados Unidos.

Ignorar los mismos tratados internacionales que daban autonomía a los habitantes de Vietnam de ambos lados, para una elección libre para decidir su gobierno y su tipo de gobierno.

Que era claro que no se estaba ganando nada. Que se avanzaba sobre zonas que se “limpiaban” duramente de hostiles, y después, pasando el año, se reportaba que se “limpiaba” la misma zona, sin que nadie hubiera registrado o notado que esa ya se había “limpiado” antes. Y así por tercera, y por cuarta vez, y que la gente seguía muriendo por ambos lados.

Qué había regiones enteras “controladas” que no se podían recorrer por carretera, sólo por helicóptero, y aún así se decía que se tenía todo el territorio controlado.

Que se maquillaban reportes de cantidades de incursiones nocturnas de parte de los vietnamitas del sur, ningún vietnamita del sur podría hacer una incursión nocturna por terror total después de anochecer. Hubo mucha indolencia de parte de ellos. Y terror.

Que había planes secretos de paz, como el que anunciaba Nixon en la campaña electoral de 1968. Pero nunca hubo uno. Todo fueron trucos electorales que hicieron ganar a Nixon sobre Humphrey por un mínimo margen (como el que hubo entre Calderón y Lopez Obrador en México, en 2006).

Que la guerra acabaría pronto, pero había planes de llevarla por más de cinco años, a más de medio millón más de tropas (existían los documentos que lo afirmaban).

Que existía una corriente de pensamiento que afirmaba que era una necesidad en la administración Nixon el querer tirar bombas atómicas limitadas sobre Vietnam del Norte. Eso siempre se negó, pero apareció años después en las grabaciones de la Casa Blanca que salieron con el escándalo Watergate.

Todo esto, y muchas medias verdades, falacias y similares que faltan, pudieron ser ya conocidos por muchas personas, ya que es parte del todo conocido al respecto de la Guerra de Vietnam, pero en este contexto, de cómo un gobierno sistemáticamente se mentía entre sí, mentía a sus ciudadanos, mentía a los demás gobiernos, pero el núcleo de todo el pensamiento es que lo hizo sistemáticamente, por años.

“Luego soltábamos, girábamos, y aterrizábamos en el humo morado, decenas de niños salían de sus chozas, y corrían hacia donde estábamos y el piloto riendo y gritando: “Así es Vietnam, amigo. Bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos…”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

Fin de la Segunda Parte

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domingo, octubre 25, 2009

Vietnam. Secretos de los Documentos del Pentágono, el libro de Daniel Ellsberg.

Primera parte

Siempre sonó raro eso: Viet-Nam. Yo crecí y aprendí a leer y a tener curiosidad por saber del mundo con los periódicos. Y me tropezaba mucho

con la palabra Viet-Nam. Después de un tiempo le quitaron el guion. Era algo que estaba ocurriendo muy lejos. Más bien no era tanto un lugar, sino un hecho, un suceso. Algo ocurría en Vietnam y no era bueno. Se hablaba de soldados, de batalla, de guerra, de muertos, de heridos, de bombardeos. De invasiones a Camboya, Laos. Cosas así, lejos de México.

Nadie me explicaba nada. Era algo lejano, oscuro. Nada que ver con nosotros.

Supe de Nixon, y supe de Kissinger. Gente importante.

Entre todo eso algo apareció: algo de unos Documentos del Pentágono y por los titulares había un gran escándalo al respecto. Es más, hice el intento de leerlos. Pero sólo el intento.

Luego me enteré de Watergate y el periódico durante años siempre habló de Watergate. Y nunca entendía nada tampoco.

Y todo eso ya no es tiempo presente, sino que ya es HISTORIA. Porque todo lo que pertenece al siglo pasado ya lo es (incluso yo mismo lo soy en gran parte). Las Torres Gemelas ya son historia, el Tsunami del 2004 ya es historia. Las elecciones de 2006 ya lo son incluso. Debe de haber un momento determinado en el que las noticias recientes se convierten en eso, en historia.

Vietnam ya era historia cuando terminó la guerra con Estados Unidos, y más cuando empezó.

La cantidad de imágenes en blanco y negro. La del jefe de policía disparando al vietnamita del norte, a la cara. Los niños y sobre todo la niña desnuda corriendo en las carreteras, huyendo del napalm. Soldados caminando, soldados en arrozales, soldados en lodo. Soldados de película: Apocalipsis Ahora, Apocalypse Now, de Coppola, la mejor, según yo, claro, Regreso sin Gloria, Coming Home, El Francotirador, The Deer Hunter, de Cimino, con Robert De Niro, Pelotón, Platoon, con Charlie Sheen, de Oliver Stone, Hamburger Hill (de la cual un excombatiente que nos dio clase de inglés en la empresa, nos comentó que para él era la más realista) y que no sé cómo se llamó en español.

“En los meses después que regresé los cientos de helicópteros que yo había volado comenzaron a dibujarse hasta que formaron un colectivo metacóptero, y en mi mente fue la cosa más sexy que se me ocurrió mientras pasaba: salvador-destructor, proveedor-derrochador, mano derecha-mano izquierda, rápida, fluida, inteligente y humana, acero ardiente, grasa, lienzo saturado de jungla, sudor que se enfría y se calienta de nuevo, rock and roll en cassette en una oreja y un fuego de artillería en la otra, combustible, calor, vitalidad y la muerte, la muerte misma, difícilmente intrusa.”

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

En fin, eso era Vietnam, una guerra que se libró a docenas de miles de kilómetros de nosotros en una época en la que las únicas guerras que tenían real significado para nosotros eran las de monstruos en Monstruos del Espacio entre Goldar y Rodak. Nada más.

Una guerra que empezó prácticamente cuando nació mi generación, 1962, cuando los primeros technical advisors estaban ya ahí, siguiendo Kennedy la política de Eisenhower, y que no sumaban en ese momento más de 8,000. Y ese ya es un número alto, después de todo. Tenían su propósito supuestamente: entrenar al ejército de Vietnam del Sur para resistir los ataques de Vietnam del Norte, que por alguna razón querían quedarse con todo el sur. Pero eso no lo sabíamos, que caramba, estábamos en México y en esos años ni leyendo revistas, si las hubiese interesadas en el tema, o en periódicos, así, críticas o al menos notas objetivas, si te tocaba de milagro leer algo del tema del día, podrías enterarte de que realmente estaba pasando algo allá. Pero no era mucho lo que hubo.

Luego te enterarías leyendo revistas como Selecciones o Life en Español, que la cosa estaba fea por un lado (así decía Life allá por el 64: Vietnam, una guerra extraña), y que los comunistas, o rojos, querían adueñarse del mundo y que había que estar alertas.

Claro, con los años entendí que esas revistas tenían su encargo de decirle a los latinos esa parte, que lo que sucedía en Vietnam casi casi era el destino de la humanidad el que se jugaba. Y como los latinos no teníamos mas fuentes de información, pues así debía ser.

Pasaban los años y no sabíamos más que lo de vez en vez y de repente aparecía, por ejemplo recuerdo que mi papá me mandaba, nunca supe porqué esa necesidad específica y mi papá no está ya aquí para explicarme, por el periódico el Heraldo de México todos los domingos por la mañana.

Era el año de Junio de 1971, algún domingo de ese mes. Desde la esquina de la calle Jalapa con Veracruz en la Colonia Guadalupe de Tampico, me iba caminando hacia la avenida Hidalgo casi esquina con la calle Delicias (creo que ya no se llama así), en la colonia Lauro Aguirre, a una revistería donde vendían publicaciones incluso en inglés. De hecho ahí conocí la revista Mad, probablemente la llamada revista Pop (muy psicodélica, recuerdo vagamente su tipo de letra y sus variados y vivos colores, y si no fue en esa revistería donde la conocí fue en algún puesto de periódicos no muy lejos de ahí) y la revista Piedra Rodante, primitiva sucursal de la Rolling Stone de por entonces. Yo tenía 8 años.

Seguramente leí el cintillo superior de la primera plana: Los Documentos del Pentágono: Impresionantes Revelaciones de la Guerra de Vietnam. Pensé que era muy importante, quizá por ese día decidí dejar de leer lo que decía o pontificaba LE…

(Y lo que batallé para saber de quién eran las siglas: Luis Echevarría, ¡Hey, perdónenme, tenía sólo 8 años de edad y tenía dudas de si preguntar a mis mayores, por temor de quedar en ridículo! Pero eso sí, me acuerdo que cada cosa que pensaba, decía, mencionaba, discursaba, lo que fuese que saliera del maquiavélico cerebro de ese tal LE o LEA, era para ser recogido, grabado, registrado y expresado al orbe para ser repetido en los titulares de los periódicos, y el país (luego quería que el mundo mismo) a su vez debía poner atención total y sumisa a todo lo que él dijera sin posibilidad de malinterpretarlo o recusarlo, o lo peor: criticarlo o cuestionarlo, él era la patria).

…a tal nivel se me hizo importante el tema de los Documentos del Pentágono como para leer decidirme a leer algo tan denso de datos, cifras, hechos, reportes, personajes, jerarquías, autorizaciones, campañas, planes, nombres, lugares, siglas.

No recuerdo cuanto tiempo me la pasé así leyendo. Lo único que recuerdo es que ese asunto era tan importante de algún modo que a mucha gente del Pentágono les había molestado sobremanera que se publicaran, y luego no supe nada más. Y ni creo, por supuesto, haberlo terminado, yo no sabía que eran 8,000 páginas copiadas, o como dicen al sur del Trópico de Cáncer, fotocopiadas.

¿Qué que era el Pentágono? Un gran edificio donde está toda la cuestión importante del ejército de los Estados Unidos. ¿Qué era la “toda la cuestión importante” del ejército de los Estados Unidos? La verdadera fuente del Poder de ese país. El Poder de… poder ir a un país independiente a más de una decena de miles de kilómetros, meter cientos de miles de tropas casi como si nada y ponerlos a luchar contra otros cientos de miles de tropas irregulares que de cierto modo, sí estaban en su país, repeliendo a un invasor y muriendo por ello.

Es difícil no ponerse de uno de los lados. Es difícil de explicar cuando no se describe un contexto, de cuando el mundo hace mucho dejó de ser sencillo, si es que un día lo fue.

Como que muchas de las cosas de nuestros tiempos siempre están destinadas a enloquecernos ya que no sabemos ni sus orígenes ni sus destinos.

Así las cosas empecé a leer el libro de Secrets: A Memoir of Vietnam and the Pentagon Papers.

Y bueno, hay muchos temas aquí, unos documentos que están registrando una historia de envolvimiento, así le llaman, envolvimiento, de actos de guerra contra otra nación soberana, puesto que eso era Vietnam del norte.

No es que yo vaya a decir que los vietnamitas del norte tenían la razón en automático, y que por tanto considero que el comunismo en cuestión tenía razón de ser, y no es así, sino, aislemos esa parte siquiera por un rato.

No pensemos que Vietnam era comunista por un segundo, sino que era un país que peleaba contra un invasor. Y eso de ser comunista era, bueno, la historia ya decidió su suerte aun y que haya por ahí loquitos que les atrae esa idea.

“Los hombres en las tripulaciones [de los helicópteros] dirían que una vez que llevabas a una persona muerta, siempre estaría ahí contigo, volando contigo…”

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

¿Qué pasaba por la mente de ese invasor además de invadir? ¿Qué pensaba la gente que se quedaba en USA?

Al parecer la cosa comenzó extrañamente, como todas las cosas que ahora suceden, en un lugar llamado Golfo de Tonkin, afuera de la costa de Vietnam del Norte, prácticamente en sus aguas territoriales en agosto de 1964, lo cual desencadenó el permiso de parte del Congreso para que las fuerzas norteamericanas pudieran responder ataques de las fuerzas armadas del Norte.

Así las cosas, empezó la llamada Guerra de Vietnam.

Fin de la primera parte

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sábado, octubre 03, 2009

Historias Alternativas de una Batalla Ya Olvidada…

El detalle es este, hay algo llamado Historia Alternativa, es una parte de la ciencia ficción que se encarga de analizar las posibilidades de la historia en las que los eventos por decir batallas, guerras, tratados, y demás incidentes del pasado fueron de otra manera, cambiando el resultado del evento en otra dirección con otras consecuencias no tan previsibles que si se encadenan con otros eventos forman un panorama muy distinto al que conocemos.

Algunos dicen que no es ciencia ficción y que sólo son divertimentos poco serios de historiadores también poco serios o de plano de aficionados. De hecho ya hablé yo del tema en un blog que escribí hará tres años que tiene que ver con una historia alternativa relacionada con los aztecas y Cortés en el sentido de que no fuimos conquistados sino solicitados como aliados y de retache, directos a conquistar España y Europa, pero con nosotros los aztecas, tan sanguinarios que éramos. Y para equilibrar esta historia, pues, Inglaterra es la única que aguantaba el Juggernaut azteca. (Juggernaut es una imagen del dios hindú Krishna, y es “una fuerza irrefrenable que en su avance aplasta o destruye todo lo que se interponga en su camino” y en este caso azteca la palabra correcta sería Juggernautl, ¿no?).

Así las cosas, no tiene mucho caso explicar más del tema, pero sí contar que me encontré con un ensayo interesante en la revista Time de Lunes 2 de Noviembre de 1981, titulado Yorktown: Si los Británicos Hubieran Ganado, escrito por Gerald Clarke.

Resulta que los británicos en esa fecha pero de 1781 perdieron esa última batalla de la Revolución Americana y con ello reconocieron que finalmente perdieron las trece colonias, cosa que es trascendente porque dio paso al nacimiento de los Estados Unidos, no poca cosa. Y como decía el artículo conmemoraba el 200 aniversario de la batalla final (parece de película) de la guerra de la Revolución, o sea, otro bicentenario más, ya vemos como son esas cosas…

Tomado de Wiki para mostrar el contexto general:

“En 1781, 8.000 soldados británicos al mando del general Charles Cornwallis fueron rodeados en Virginia, el último reducto, por una flota francesa y un ejército combinado franco-estadounidense al mando de George Washington de 16.000 hombres. Tiene lugar así la batalla de Yorktown. Cornwallis se rindió, y poco después el gobierno británico propuso la paz. Murieron 156 británicos, 52 franceses y 20 independentistas, siendo los últimos en caer en la Guerra de la Independencia.

(¿No fueron muy poquitos? Que mala puntería de todos.)

“En los restantes frentes entre 1779 y 1781, España sitió Gibraltar, una vez más infructuosamente, y se iniciaron una serie de campañas en América contra distintos puntos estratégicos del golfo de México en manos británicas, en la mayor parte de los casos coronadas por el éxito (Pensacola). Por otro lado, una exitosa expedición a Menorca permitió la recuperación de la isla en febrero de 1782. El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso término a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. El cansancio de los participantes y la evidencia de que la distribución de fuerzas, con el predominio inglés en el mar, hacía imposible un desenlace militar, condujo al cese de las hostilidades.”

Gibraltar siempre será británico, lo siento, pero así es, así será. Siempre.

Y el contexto particular de la batalla es (también tomado de Wiki):

“La Batalla tuvo lugar en Yorktown, colonia de Virginia, asediada desde hacía varias semanas. Por un lado, tenemos a 8.000 británicos al mando de lord Charles Cornwallis, y por otro, a 9.000 insurgentes americanos, voluntarios de La Fayette, al mando del coronel Armand Tuffin, marqués de la Rouerie, y George Washington, así como 5.000 hombres del cuerpo expedicionario francés del conde Jean Marie Donatien de Vimeur de Rochambeau (11.000 franceses en total).

La flota francesa sostiene el bloqueo del puerto de Yorktown, impidiendo cualquier operación de reavituallamiento británica por mar, mientras que tropas terrestres francoamericanas rodeaban la ciudad.

El ejército francoamericano asedia la ciudad tras haber tomado las fortificaciones y bastiones que debían defenderla. El general británico que mandaba las tropas sitiadas en Yorktown, lord Cornwallis, se rinde, pretendiendo encontrarse enfermo, y envía a uno de sus subordinados a remitir su espada a los vencedores.”

…Pero este artículo del Time lo pone todo al revés, que los británicos la ganaban. Y el ensayo al que me refiero lo trata como si se conmemoraba una oscura batalla de las tantas que el gran Imperio tenía y que rutinariamente ganaba alrededor de todas las épocas y todos los lugares de este nuestro mundo pequeño en el que vivimos.

El ensayo destaca varios de los hechos que están en la memoria y se conmemoran, si pongo el caso México, bueno, tendríamos que pensar que hubiera pasado si el Iturbide jamás se hubiera puesto de acuerdo con Guerrero para consumar la Independencia de México, que caramba, un día como hoy, 27 de Septiembre, pero del año 1821. Y no sólo quedarnos en eso, sino el que hubiera pasado, después. Si por cansancio los españoles, los realistas, los mexicanos y los insurgentes hubieran dicho, ya, ya, ya, lo que sigue. Son detalles que sólo pueden resolver los que están muy apegados al conocimiento de la historia y saben las variables en las que nos movemos. O más bien, en las que pudimos movernos.

De eso se trata en parte esto de la historia alternativa y tiene su lado, cuando estás haciéndole al prospectivo, o al analista situacional, o al futurista, no es que te pongas a adivinar y a colocar escenarios sin ton ni son (escenario: terrible palabra que no es correcta per se, pero que ayuda a nuestros propósitos en los que uno empieza a analizar las condiciones en las cuales puedes moverle al control del uno a diez, en cuanto peor-mejor, de entre lo imposible, posible, probable, razonable y a combinarla con otras palanquitas y así obtener decenas de esos escenarios en los que se desechan varios y nos quedamos por decir con tres o cuatro o cinco, no más), y de ahí a prepararnos para poder tener los posibles rutas de acción con los cuales podemos anticipar de donde vendrá el golpe.

Analizar estas historias alternativas nos dan esa visión de poder estudiar qué factores influyeron y qué de ellos podrían repetirse. El ser humano siempre hace lo mismo utilizando las herramientas en su contexto histórico.

Así las cosas:

En México no toda la gente está consciente de las fechas, de la historia, sólo de las fechas obvias, las que marca el calendario, las demás, si no son asuetos, poco importan, es parte de la idiosincrasia del país. Cosas de la memoria selectiva en la que el Gobierno como entidad que es la que marca lo que debe enseñarse, conmemorarse y lo que no, tiene mucho que ver.

Pero volviendo al ensayo. Este es contado desde el punto de vista de un inglés, por supuesto. Menciona que la más importante batalla de la historia de su nación es La Batalla de Yorktown en Octubre de 1781.

“La batalla en cuestión fue peleado por un lado por los británicos comandados por Charles Earl Cornwallis que derrotó a fuerzas mucho más grandes de los franceses y de los americanos rebeldes en los que se tomó prisionero a su comandante, George Washington.

“Con la captura de Washington llevado a Londres y colgado como traidor, la rebelión colapsó y nadie tuvo la estatura o el estómago para empezarla de nuevo…

Aquí hay un detalle, en México, con la captura y posterior ejecución de Hidalgo y Allende y demás, uno hubiera pensado que la Independencia ahí quedara, que la paz hubiera llegado a la colonia, pero increíblemente, ahí estuvo Morelos en el sur, que, como poéticamente se ha dicho, mantuvo la llama de la independencia contra todo pronóstico, durante varios años más. Y cuando faltó Morelos siguió Mina, y después Guerrero. Y después…

“Ese viejo bribón, Benjamín Franklin, quien persuadió al rey Luis XVI para poner a su tesoro en bancarrota en la causa rebelde, se quedó en Paris, para perseguir jovencitas y volar cometas durante tormentas eléctricas.

“Thomas Jefferson, el más grande de los propagandistas de la época también se refugió en Europa, con su amante negra y continuó sus fechorías por otros 43 años.

Sé que pudiera ser difícil un poco entender el contexto de este ensayo, pero créanme, Jefferson es un super héroe. Un personaje histórico que ya hubiéramos querido muchos en este planeta. Y sí, se cuenta que tuvo su amante negra y que la familia blanca de Jefferson, ya lleva varios años reuniéndose con la familia negra de él, todos unidos por su tatara-tatara-abuelo. Y eso no lo disminuye como gran héroe.

“Una vez que los líderes de la rebelión fueron ejecutados o dispersos, el gobierno británico admitió sus errores previos –tácitamente, por supuesto- y buscó reparar los viejos errores. El rey Jorge III, que se había quejado de que se volvería loco si sus colonias americanas se perdieran...

(En la vida real, la película de George III, The Madness of the King George, Las Locuras del Rey Jorge, así fue tal cual, sus locuras están muy claramente descritas. No es poca cosa perder unas trece colonias así como así. No ocurre todos los días. Démonos cuenta, eran las mejores colonias de América entera, las que prometían los mejores recursos, sin tantos indios que mat… asimilar. ¿Canadá? Mmm, Canadá era, es eso, Canadá.)

…reganó sus espíritus y ánimos, y probó ser un monarca bondadoso. No más de un tercio de los colonos habían apoyado la insurrección y en cualquier situación, seis años de riego de sangre y de privaciones fueron rápidamente olvidados en la era de buen sentimiento que siguió a la guerra.

Eso es lo bueno en este caso. Alguien que no guarde rencor. Por algo este rey se volvió loco. Tampoco eso sucede muy seguido.

“Las colonias fueron colocadas bajo un gobierno unificado por primera vez, y una nueva capital fue establecida en el río este de Manhattan, en los campos fértiles de Brooklyn. Algunos la querían poner la nueva capital muy al sur, en los bancos del Potomac, pero cabezas más sabias decidieron que nunca prosperaría en esos lugares calientes y llenos de niebla. Seguramente asentado en Brooklyn, el nuevo gobierno lentamente evolucionaría en una democracia parlamentaria tal y como la conocemos el día de hoy, con la independencia plena llegando sólo hasta el año de 1843.

“Antes de que eso ocurriera, sin embargo, los británicos realizaron en 1833 algo magnificente: ellos abolieron la esclavitud, aquí, como en todas partes de su imperio.

“Gente de cabeza caliente en el sur, los cuales dependían de esa terrible institución, amenazó con una segunda insurrección, pero el peso combinado de las provincias del norte y el ejército británico y su flota fueron suficientes para congelar esa indignación sobrecalentada.

Aquí comienza lo interesante:

“No todo lo que hicieron los victoriosos británicos fue tan sabio, y si ellos no hubieran sido tan miopes en algunas maneras, América sería un país más grande de lo que es. No queriendo ofender a los indios, o interferir con su lucrativo comercio de pieles, Londres continuó prohibiendo asentamientos al occidente de los Montes Apalaches. El Acta de la Barrera de los Apalaches fue tan frecuentemente ignorada, pero sin embargo desaceleró el desarrollo del Lejano Oeste, la vasta área entre los Apalaches y el río Mississippi. Solo hasta en este siglo tenemos Illinois, Michigan y Wisconsin, por ejemplo, que tuvieron poblaciones lo suficientemente grandes para calificar para provincias; hasta 1908 tuvieron gobernadores de territorios nombrados por la oficina del Primer Ministro en la Avenida Flatbush, que, como todos saben, es la principal avenida de Brooklyn, enfrente de la isla de Manhattan, capital de América Británica.

Se dice que los británicos son tan decentes, (okey, en el contexto general no cínico de lo que es decencia, estoy leyendo ahora mismo un libro llamado Secretos: una Memoria de Vietnam y de los Documentos del Pentágono, escrito por Daniel Ellsberg, que habla de lo "decente” que puede ser un gobierno con sus gobernados, en este caso el gobierno norteamericano con su pueblo en los años de la década de los sesentas (y cincuentas y setentas), pero hablaremos de ello en su momento), entonces, los británicos son (o eran, que sé yo) tan decentes, lo que se dice decentes, relativamente claro, que si en la India, los gobernantes hubieran sido franceses, españoles o mexicanos, el llamado Problema Gandhi solo hubiera durado dos días en la primera vez que lo metieron a la cárcel, y no se hubiera sabido ya nada más del señor, y por consiguiente hubiera sido inimaginable que la Joya de la Corona o sea la India, jamás sería entregada a él y a su gente en 1947. Y de hecho poco después fue alguien de su gente quien lo mató.

“Otra desafortunada consecuencia de la Acta de la Barrera fue animar a los franceses en tratar de empujar su frontera al este del Mississippi. El emperador Napoleón había sido tentado para vender todas las posesiones del Nuevo Mundo, por menos de 3 millones de libras, pero Jefferson, ese consumado revoltoso, lo convenció de guardar sus 828,000 millas cuadradas para poblarlos ellos con los labriegos sin tierra de Francia y del sur de Europa. Si no hubiera sido por Jefferson, América, nuestra América Británica, podría haberse extendido del Atlántico a las Rocallosas. Hubiera sido tan grande como México, la cual heredó de España no sólo el sudoeste sino casi todo el oeste de la divisoria continental.

¿Qué es la divisoria continental? Tiene que ver con la línea imaginaria que marca las sierras principales del continente americano y con el sistema natural de irrigación de los ríos, si quieren saber más del tema, consúltenlo en Wikipedia, pero el detalle es que en México we don´t give a damn about it, así que sólo queda como asunto a detallar que al anglosajón sí le es importante y ponen placas conmemorativas y todo, quizá sea como nosotros pensamos acerca del Trópico de Cáncer, que en las carreteras sí le ponemos una placa distintiva, al menos me tocó ver una de ellas en la carretera que va de Ciudad Victoria a Mante, quizá sugerida por algún apasionado anónimo a la geografía, supongo, mmm, habría que averiguarlo…

Y la justificación de ésta adaptación de ensayo es por ese reconocimiento de México como todavía poseedor de esa masa impresionante de territorio de eso que todos reconocemos como letanía escolar: Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Colorado, parte de Utah y parte de Oregon. En resumen, un territori-al-al-al-al-al, gigantesco de recursos de extensiones de praderas, desiertos, cañones, costas, montañas, valles, Disneylandia, San Francisco, Silicon Valley, Hollywood, Los Álamos, El Álamo, Houston, Dallas y McAllen.

Aquí es donde entra el opio de imaginarnos la conjugación de los verbos correspondientes, el que sería, lo que pudo ser, lo que hubiera sido, lo que no se dio, etcétera. Sí, es un opio. Te ciega de momento. Nubla el pensamiento. Quieres que ese mejor escenario posible sea el que te esté sucediendo, y tratas de asir en el vacío que ese haya sido; peor, que ese esté siendo.

Pero la idea de mostrarlo así aquí es natural para el que juega con estas cosas e irremediablemente te va llevando a pensar en cómo se originan, en meditar como un pequeño incidente conduce a un final de batalla diferente, a un final de guerra distinto. En cómo están flotando a nuestro alrededor millares de puntos pequeños de decisión, de inflexión, que pueden cambiar destinos de personas o países.

No estoy seguro si la batalla de Yorktown haya sido tan importante en ese sentido, si los colonos americanos ya la tenían ganada de antemano, si la guerra de las colonias americanas ya era un caso perdido para Inglaterra, si ya estaba el todo o nada, si la derrota fue la gota que derramó el vaso. Si ya todos estaban cansados. Si el concepto estratégico de trece colonias perdidas ya estaba en la mente de los ingleses (hubo un intento de reconquista de parte de ellos en 1812 que fracasó y que se arregló todo en un tratado en Europa que regresó las fronteras y capturas y conquistas a como estaban antes y que selló la alianza y amistad entre Estados Unidos e Inglaterra desde entonces por los tiempos por venir incluso hasta ahora, Siglo XXI) Pero de que fue un punto de inflexión a partir del cual sucedieron cosas, lo fue.

“Sólo el conde de Liverpool, que era por entonces el Primer Ministro Británico, puede ser responsabilizado por el fracaso de comprar Florida y las tierras a lo largo de la Costa del Golfo, a las cuales los españoles, tan dificultosos como siempre, pusieron el precio de un millón de libras en 1819. Si Lord Liverpool no hubiera sido tan tonto y ceremonioso esa península favorecida por el sol sería ahora una provincia americana temerosa de Dios y respetuosa de las leyes, en vez de ser una mediocre dictadura que sólo exporta drogas, enfermedades y depravación.

De entre todos los escenarios posibles de una Florida independiente, ¿no se les pudo ocurrir algo más sano? ¿Sólo ellos los entonces White Anglosaxons Protestants pueden traer paz, tranquilidad y seguridad a un país? ¿No estarán ellos, ellos como analistas WASP por excelencia o yo mismo, como lector habitante de país extercermundista-pero-globalizado-to-be, cerrados a otras posibilidades? ¿No se les ocurrió que el país independiente de Florida pudo traer las mismas virtudes republicanas (en el sentido de república) con mínima corrupción y mínima tolerancia a la falta de respeto por las leyes…? Se vale cuestionar…

“Bien, de acuerdo, de vuelta al Mississippi, donde los franceses y los británicos emplazaron una guerra constante a lo largo de las orillas del río. De hecho en la batalla final de la Guerra del Mississippi tomó lugar tan tarde como en el año de 1865. Sólo entonces en la batalla de Prairie du Chien, ciudad al sureste de Wisconsin, donde los ejércitos combinados americanos y británicos bajo el mando del General Sir Ulises S. Grant, persuadieron a los franceses y a sus aliados indios que se quedaran de su lado del río.

Hábilmente, el escritor Gerald Clarke, evoca los estruendos de combate que hubo casualmente en las épocas de la Guerra Civil Americana de 1861 a 1865. Y curiosamente le da a los indios una gran zona en donde se quedaron a salvo. Ya lo dije, los ingleses son todos unos caballeros.

“Después de eso, Paris pareció perder interés en su tercio del continente de Norte América, y con la bendición francesa, la nueva nación independiente de Louisiana alzó su bandera en Julio 14, día de la Bastilla, de 1870. Aquellos días de disputa han sido olvidados y ahora América y Louisiana son vecinos amigables. Nuestra población es de 75 millones de habitantes, de acuerdo al censo de 1980, sólo 7 millones menos de los que habitan Louisiana y su protectorado indio, Amerinda. Nuestro producto Nacional Bruto es sin embargo, considerablemente mayor, 439 mil millones de libras, comparado contra su combinado de 369 mil millones de libras.

Para esto la Lousiana sí medía todo eso. Y sí, los franceses pecaron de tímidos, o quizá estaban demasiado metidos en lo suyo, con sus guerras napoleónicas incendiando por toda Europa, como para preocuparse de sus colonias americanas, a las que estas tampoco el clima les ayudaba mucho, Nueva Orleans estaba (está) cerca de pantanos, marismas y ciénagas, además de la misma desembocadura del Mississippi en el golfo de México. No un lugar muy atractivo para colonizar. Y ni hablar de huracanes, ¿verdad?

“Ambos hemos sido leales a los países que nos nutrieron y nos protegieron de la rebelión y de otras locuras. Ciertamente América, como Nueva Zelandia, es frecuentemente acusada de ser más británica de lo que es Gran Bretaña, mientras Louisiana, como Quebec, tenazmente desea regresar a una anterior y en muchas maneras Francia más agradable. Ningún ingles podría mostrar más emoción sobre un juego de cricket que el americano promedio amante de los deportes, y el comienzo de la Serie Mundial de Cricket la semana pasada fue un ritual nacional para muchos americanos. Louisiana, a su vez, ha retenido ese descuido aparente, ese encanto algo curioso que asociamos con todas las cosas francesas: una buena comida, una buena conversación y un agradable menosprecio por las convencionales morales. También retuvo algunos desafortunados recuerdos de su herencia de frontera salvaje. A diferencia de América donde las pistolas fueron hechas ilegales, Louisiana permite a un niño de diez años, tener un revolver, nadie está seguro en sus calles.

“Ambos de nosotros hemos mostrado nuestra lealtad a Europa en maneras materiales tambien, y cuando Alemania amenazó a Bretaña y Francia con guerra en Agosto de 1914, tanto las capitales de Brooklyn y St. Louis en conjunto fueron corriendo a brindar apoyo a sus madres patrias respectivas. Esa muestra de fuerza fue suficiente para persuadir al Kaiser Guillermo II para que se retirara, y Europa, como ustedes saben, ha seguido en paz desde entonces.

Una vez más, aquí empieza lo interesante:

“Lo mismo no puede ser dicho de Asia, por supuesto, donde el conflicto intermitente entre dos grandes imperios autocráticos, Japón y Rusia, ponen en peligro al mundo entero. Después de que rompió su aislamiento autoimpuesto en el siglo XIX, Japón probó ser casi invencible. Sin ningún país en el área lo suficientemente fuerte para hacerle frente en su camino, Tokio ganó su presente dominio sobre el Pacífico, invadiendo las islas hawaianas en 1910 y forzando a un México débil a ceder las Islas Catalina enfrente de la costa del sur de California, en 1913.

Primero la pregunta, ¿porqué un México débil? ¿Porque estábamos en una revolución? ¿Madero hubiera actuado débil aún frente a una amenaza exterior del tamaño de un Japón avasallante? ¿Cómo hubieran actuado nuestros revolucionarios caudillos, frente a una amenaza exterior? ¿Los hubiera unificado contra el masiosare el extraño enemigo?

Para esto las Islas Catalina, lo leí en algún lugar, en la historia real, no fueron como se dice, negociadas, como para ser trasladadas al dominio de los Estados Unidos a partir del 2 de Febrero de 1848, cuando fue suscrito el Tratado de Guadalupe-Hidalgo en la ciudad de México a resultas de la Guerra Mexico-Americana de 1846-1847. Esas islas Catalina fueron entonces invadidas sin permiso de nadie, a partir de esas fechas por nuestros grandes amigos, los norteamericanos.

Punto interesante siempre para recordar, y sólo para agregar un poquitín de drama a la historia alternativa, el día 10 de febrero de 1848, según unos, o el 24 de enero de 1848, según otros y por tanto todavía dentro de legítimo territorio mexicano, encontraron pepitas de oro no muy lejos de San Francisco unos obreros que construían un molino en Coloma. De ahí se corrió la voz y se desató la gran fiebre de oro que dio origen a los 49ers, a los que viajaban a California en aquél año de 1849 (el equipo de futbol americano llamado así llegaría cien años después).

Pero el asunto es qué hubiera pasado si hubieran sido mexicanos los que descubrieran el oro en territorio mexicano… uno se pregunta… si otra historia nos cantaría…

“Santa Catalina es ahora el Hong Kong japonés, un centro de actividad industrial cuyo aire contaminado lleno de smog ensucia los cielos de otra manera claros del Los Angeles tranquilo y siestero. Derrotada por Japón en la batalla del estrecho de Tsushima en 1905, Rusia fue forzada a rendir su América Rusa algunas veces conocida por Alaska. Ahora, bajo su agresivo nuevo Zar, Nicolas VII, parece determinada a reganar el territorio conquistado y a empujar al mundo en lo que podría bien ser la primera guerra mundial.

Así las cosas, México, el débil México, (¿siempre sería débil? ¿Eso es hablar de sucesos que son estimulados por un carácter nacional o colectivo o más bien son dependiente de otros sucesos, disparadores por decirles así, dignos de análisis de historia alternativa ellos mismos?), repito, el “débil” México tiene delante de sí al Hong Kong japonés. ¿Habría lugar para Tratados de Libre Comercio? ¿Habría situaciones de migraciones descomunales año tras año, hacia esa isla? ¿Hacia Alaska? ¿Hacia Amerinda, Louisiana? ¿La situación económica de México siempre estaría sujeta a vaivenes? ¿Estudiaríamos francés en nuestras aulas? ¿O Japonés?¿Habría un contexto de Guerra Fría mundial que haya podido mantener el interés extranjero al reconocer a un Partido en México por tantos años y que haya logrado mantener el poder monolítico y el control corporativo sobre su gente tantos años?

“¿Que tiene que ver todo esto con la batalla de Yorktown?, preguntarás, ¿Quién puede saberlo de seguro? Todo lo que puedo decirte por seguro es que si el general Washington hubiera ganado aquella ocasión a Cornwallis, los pasados 200 años hubieran sido muy diferentes.

Oh, sí.

“Lo cual me trae a la siguiente tarea para la siguiente semana. Escriban en cuatro cuartillas, o 1,200 palaras, una historia de unos Estados Unidos independientes. Usen su imaginación, y sean guiados por una sola regla. Nada es inevitable.

Así termina el ensayo de Gerald Clarke. Bastante interesante. Estimulante, divertido, inútil, complaciente, arrogante, precipitado, irreflexivo, genial.

Para esto, este anuncio del año pasado, molestó a mucha, mucha gente. Las historias alternativas puede que no sean agradables a muchas personas.

Aún después de 162 años de los hechos, la gente es sensible.

Ah, la memoria colectiva, me encanta.

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lunes, septiembre 21, 2009

¿Contando Gatúbelas? ...sólo en The Big Bang Theory

Contar Gatúbelas no lo hace mucha gente, de hecho puede que cuando lo hagas (¿tú no lo haces?), tengas problemas para hacerlo correctamente. Mira, es muy sencillo, sólo eliges entre Eartha Kitt, Julie Newmar (todo mundo olvida a Julia Newmar), Lee Meryweather, Michelle Pfeiffer, sin olvidar a Halle Berry.Ahora el problema es elegir cuál de ellas te gusta más y en qué orden van ellas.

Mmm, es difícil, ¿eh? Eartha Kitt podría estar en primer lugar, cantante fabulosa de blues, coolness total. Gatúbela negra, en ese año de 1966 eso era provocador. ¿Julie Newmar? La recordamos ciertos veteranos cuando bellísima salía como robot en Mi Muñequita Viviente, programa, obvio, sesentero. ¿Lee Meryweather? Miss USA no sé de qué año, preciosa y divina, posterior científica del Tunel del Tiempo que con toda su ciencia y con sus amigos nunca pudieron traer a Tony y a Douglas de sus aventuras pasadas, literalmente.

¿Cuál es entonces la mejor Gatúbela? No cual fue. Cuál es.Michael Pfeiffer, ya muy conocida, cantante fabulosa y sensual en los Fabulosos Hermanos Baker, cool en su prrr, y Halle Berry, Halle Berry, mmm, Halle Berry, ¿la vieron en Swordfish? ¿En Monster Ball? (Aunque sea Gatúbela negra ya no es discusión).Todo está dicho.

El orden puede ser entonces:

Eartha Kitt, Julie Newmar, Michelle Pfeiffer, Halle Berry, Lee Meryweather.

Ahora el punto. ¿Sólo los nerds lo hacen? ¿O sólo los geeks?

No es el punto aquí hablar de unos o de otros, si es que alguien los puede diferenciar de verdad.

El punto es hablar de The Big Bang Theory.

No sé cual sea la cuestión con este programa en cuanto a que tanta gente la ve, si esta es significativa o no. El punto es que hace años (muchos, quince, dieciseis) cuando escribía en el periódico El Norte de la ciudad de Monterrey en una sección efímera llamada De Todo me tocó querer comentar algo de la televisión del canal Sur (no confundir con el TeleSur venezolano de Chávez, este canal Sur era una especie de compendio de muchos canales de Sudamérica como el Mexicanal) que daban por entonces por cable y donde veíamos muchas cosas como los programas de concursos ecuatorianos, los noticieros argentinos, los talk show peruanos, y de hecho uno muy bueno con Jaime Bayly, y sobre todo, miraba un programa de comedia que me fascinaba por entonces por lo gracioso, simpático y sencillo llamado Casado con mi Hermano. El caso es que no me lo publicaron que porque no todos los lectores del periódico El Norte tenían cable y no le entenderían o al menos no era de su interés probablemente. Misterios de la demografía. En fin.

The Big Bang Theory. No todos tienen cable, no todos lo conocen, pero aquí en este blog no desperdiciamos papel, total somos greenies, verdes, environmentales, ambientales, whatever. Por tanto hablaré de las personas estas que aparecen en TBBT que parte de lo que hacen, en lo que se entretienen, es precisamente en hacer discusiones serias de algo tan trascendente como responder a la pregunta “¿quién es la mejor Gatúbela?”.

Pocos entienden que sí es trascendente.

Y muchos consideran que eso es trivial. Casi frívolo, incluso.

Exploremos pues, temas no tan principales pero que siempre salen en TBBT:

¿Cómo saber que no estamos en The Matrix? (La comida siempre es mejor ahí).

¿Cómo saber reconocer a una chica esclava de Orión? (además de saber que son sensuales y verdes, mmm, de acuerdo, pertenece al mundo de Star Trek, alias Viaje a las Estrellas, ¿alguien allá afuera menor de treinta años sabe que Viaje a las Estrellas es el nombre original en español de Star Trek?)

O bien, apreciar un Nintendo 64 para jugar Mario de manera original.

O usar una camiseta con un patrón gráfico de televisión a la antigua usanza.




O sospechar si Peppermint Patty es lesbiana, y no, no lo es, es atlética, es Marcia quien es lesbiana (y saber que son personajes de Charlie Brown, mmm, ¿Snoopy?, sí, ese Snoopy).






O despertar de pronto a mitad de la noche y gritar “¡PELIGRO, PELIGRO!” (saludos Will Robinson, donde quiera que estés).

O como considerar entender un chiste de Klingons, o algo más complejo, tal vez, como evaluar si realmente George Lucas infringió en un error, falta, pecado, elemental al permitir la reinterpretación de los hechos (¿que no hay respeto?) respecto a que Greedo “apareciera” como que él disparaba primero a Han Solo en aquella taberna de Mos Eisley, cosa que los que conocieron las películas de Star Wars antes de sus “ediciones especiales”, sabían que fue alterado artificialmente para justificar que Han Solo le disparaba al cazarrecompensas originalmente primero alterando también el código de aventurero del mismo, amoral, artero y mañoso hasta ese momento, por tanto no compres su cereal o shampoo con su cara.

Y ellos un día podrían discutir quizá si Indiana Jones podría a su vez ser manipulado en Los Cazadores del Arca Perdida, y que sucedería ahora al ver la escena en Egipto con el espadachín vestido de negro amenazando con dos sables a Indy, y éste, con su látigo como arma precisa pero él, ya cansado y desesperado, nos sorprendía a todos con la entonces madre de todos los anticlichés al acabar con el duelo prematuramente, de cierta manera injusta, alevosa y hasta criminal, con un balazo artero y mañoso, matando al espadachín, ¿qué pasaría, qué hará Spielberg respecto a eso cuando le llegue a su mente la comezón del dilema moral? Esa es la pregunta frívola, trivial, total.

O podríamos tomar en cuenta, ¿Batman murió o no murió en esa explosión del helicóptero? Según el canon de comic así fue y desde entonces ha sido substituido por el primer Robin, quien a su vez ha sido substituido por el hijo de Batman que…

Bueno, ¿esta gente es así siempre de rara? ¿O así hemos sido, o somos, algunos tal vez?

La premisa detrás de TBBT es la de cuatro jóvenes (dos ya están perdiendo el pelo) Leonard Hofstadter, Sheldon Cooper, Howard Wolowitz y Rajesh Koothrappali, de los cuales dos de ellos (Leonard y Sheldon) viven juntos en un departamento, los otros dos viven fuera (Wolowitz y Rajesh), y de cierto modo es esto todo un cliché a todo lo que da, pero con sus matices y sutilezas propias, por supuesto.

Los jóvenes son básicamente físicos que hacen investigaciones científicas y en sus ratos libres no. Y eso no es todo lo que haría interesante en sí al programa per se, eso en sí forma ya una masa inamovible con sus propias concepciones del mundo, además habría que agregarle la aparición esperada de la proverbial fuerza irresistible para equilibrar el conflicto: su vecina, una rubia normal, guapa y hasta cierto punto voluptuosa que le da sabor al caldo, le da contraste y le da textura, ella es la tentación, ella es el santo grial, ella es la excepción que marca la regla en su existencia, ella es la manzana. O al menos eso fue ella en la primera temporada ya que ya no aparecen tanto ni su escote, ni sus piernas.

Así las cosas el programa muestra las aventuras y desventuras de estos cuatro científicos jóvenes que siempre han estado trabajando junto con computadoras, que manejan Facebook, que respetan Internet como a un dios menor, que saben de blogs (¿quién no sabe de blogs?), que manejan en ocasiones los mismos satélites secretos que manejan los militares del Pentágono ¡para ubicar la casa escondida donde están las chicas de la American, Next Top Models!, que saben que la personalidad y que sus celos fulgurantes figuran en las mismas presentaciones de teorías de física cuántica que hasta provocan peleas en los salones frente a la misma audiencia y que son grabadas para ser subidas de inmediato a YouTube, por supuesto.

Los capítulos, típica comedia americana sitcom, de 22 minutos más comerciales. Y lo de siempre, equívocos, consecuencias de los hechos de los ticks emocionales de cada quién, extrañezas particulares del carácter quirky de alguno de ellos. El mundo visto desde fuera, la mirada desde el alien frente a la sociedad en la que los demás, nosotros, viven, vivimos. Y esto es desde su lógica pragmática total, absoluta, despiadada, absurda y en ocasiones infantil. De lo sublime a la rabieta suprema.

No es que ellos sean sabiondos, o categorías arcanas del conocimiento afines, que sí lo son, pero lo son porque tienen la capacidad y porque adoran el conocimiento y adoran la tecnología, y no saben si eso los hará libres y no les importa, lo disfrutan en su vida diaria, porque saben al dedillo cuestiones como el tema del Gato de Schroedinger el cual no solamente lo discuten en charlas de física cuántica sino para lo aplican al dilema cósmico de si invitar a la vecina a salir o no. Eso los hace humanos, identificables, coeficiente intelectual, fuera de la escala; coeficiente social, una piedra bola de río les gana.

O se juntan para corear los cuatro juntos el Also Sprach Zaratustra de Strauss, que se enlaza más que imperativamente con 2001: Una Odisea Espacial en el momento en el que el prehomínido (mencionar que el escritor Arthur C. Clarke bautiza a éste en la novela como Moonwatcher, sería demasiado, creo ¿o no?) lanza el hueso-arma primigenia que con el paso del tiempo hará a su especie la reina del mundo.

O también se puede hablar de su percepción de poder ver el maratón completo del Planeta de los Simios al que van vestidos al cine con máscaras de gorilas. Porque eso es devoción al cine, o más bien, a ese tipo de cine. Buenas películas, si sabes verles el ángulo.

O quizá pensar en su comprensión de Neo, el mesías de Matrix, o de Frodo. O pensar en la camiseta que usa Sheldon de Green Lantern-Linterna Verde, o de Flash, personaje clásico de la Edad de Plata del Comic (de DC, para esto, que es propiedad de Time Warner que es el dueño del canal de cable, ¿cuándo veremos una camiseta del Hombre Araña para esto?).

(Ah, es que no sabían que hubo una Edad de Oro del Comic y una Edad de Plata del Comic? Oh.)

Y eso es lo que me lleva a pensar en el mundo real de estas personas.

Ya una vez he contado la anécdota que le sucedió a un amigo que él y sus amigos compraban comics en La Posta, allá en la colonia Tecnológico, prácticamente enfrente del ITESM, en Río Pánuco, cerca de Avenida Garza Sada, en Monterrey, hará hace casi 15 años, cuando cada jueves iban a comprar los comics fresquecitos que llegaban de Estados Unidos. Esa tarde en particular se juntó un amigo de ellos que no era habitual del grupo, y que los acompañó a recoger los comics. Ellos así lo hicieron y enfilaron después hacia las hamburguesas de costumbre, el amigo iba atrás en el carro. Al parecer ahí miró los comics con cierta curiosidad. Guardaba silencio mientras los de adelante hablaban de los mil temas de costumbre, hasta que escucharon su voz de sorpresa: “¿Robocop y Terminator, juntos?”

Así era. Robocop contra Terminator en un comic de cuatro partes (escrito por Frank Miller, el de Sin City y de 300, nada más, y dibujado por el excelentísimo Walt Simonson), escenario fantástico que sólo en comics se puede realizar (luego llegó el desastre de la película Aliens contra Depredador, pero esa fue otra historia). El amigo se queda de nuevo en silencio, le da un vistazo rápido, parece que lo está hojeando. De pronto se oye su voz asombrada desde el asiento de atrás diciendo: “¿Cómo? El poderoso Robocop, ¿siendo derrotado por Terminator? Adelante, los curtidos aficionados al comic, solo se miraron en silencio y dejaron impresa en su mente, por siempre, la frase inmortal:

“¿El poderoso Robocop…?”.

Así no es difícil entender a los chicos de TBBT y sus mundos alternos posibles. Tipos nerds, como de los que antes que la gente supiera que Bill Gates y Steve Jobs habían sido nerds de jóvenes todos se burlaban de ese así-tratado “subgénero” humano, y que hoy por hoy la consigna es, “no te burles de un nerd, con el paso del tiempo puede que sea el Presidente de tu Empresa”.

TBBT es fresco, la burla va dirigida hacia todos lados: hacia los chicos estos, hacia el sistema, hacia todas partes, es sencillamente divertida. Llena de referencias intelectuales, obscuras a veces, pero no tan profundas, es como un humor especial compartido por pocos, pero eso no trabaja en su contra, más bien trabaja a su favor.

Es algo similar como lo que sucede con Futurama, la serie de Matt Groening, que a diferencia de los Simpsons, está mucho más recargada intelectualmente con chistes aún más selectos en que, dicen sus productores, si uno de cada cien espectadores le entiende y se ríe, ya están satisfechos. Así es con TBBT. Los matices y referencias de cultura pop son abundantes, pero no son obvios, tienes que reconocerlos en un acto de contrición sintiéndote reconocido, regocijado y sobre todo reivindicado de que tú también compartes tal o cual punto de vista relativo a comics, a libros o películas de ciencia ficción, algunas de culto, algunas no, clásicos de cine, caricaturas y demás intersticios culturales, transversales, colaterales, retroactivos, y hasta fastforwardeados.

En otra escena, resulta que los cuatro chicos se pasan cierto día de la semana para jugar Halo, el juego de guerra tan popular del Xbox, en el que ellos juegan los cuatro coordinados y es tanta la concentración que en medio de una refriega se abre la puerta, llega Penny-la- voluptuosa con tres amigas, todas vestidas de fiesta, sexys y divinas, diciendo en voz alta algo así como que si ellos cuatro querrían pasar un rato agradable con ellas yendo a bailar esa misma noche. Ninguno de los cuatro amigos con las manos en los controles abandonan su gesto de concentración. Todos en ese momento están con la mirada puesta en la pantalla, atentos a cada detalle sucediendo frente a sus ojos. Siguen advirtiéndose entre sí, apoyándose y cubriéndose: “¡Cuidado! ¡Atrás! ¡DISPAREN, DISPAREN!”. Las chicas se ríen cuando Penny les dice a las demás: “¿No se los dije?” y sonriendo abandonan la casa. En ese momento Leonard exclama, poniendo pausa al juego: “Alto, alto, ¿escucharon algo?”. Los demás se detienen, se miran y dicen: “No, nada”, Leonard piensa y concluye: “No, de seguro no era nada, ¡Sigamos!” y siguen jugando, la concentración de nuevo, total. “¡DISPAREN, DISPAREN!”.

Así las cosas, ¿Gatúbela? ¿Halle Berry? ¿Eartha Kitt?

Y si todo falla, no olvidemos esa sensación de asombro, de renacimiento del espíritu, joya del reconocimiento fraternal a través de las fronteras culturales de nuestro universo navegable por el Enterprise, por el Millenium Falcon, por la Galactica, por la Discovery, por la Tardis. Un universo en el que existen los Daleks; uno en el que los Jar-Jar y similares no existen ni existirán; uno en el que los Cardassians siguen de pleito eterno con los Bajoran; uno en el que los Borg te quieren asimilar y en el cual toda tu resistencia será, es, fútil; uno en el que los kandorianos siguen viviendo en su pequeña ciudad reducida por Brainiac el poderoso enemigo de Supermán; un universo que partió según de una gran popular teoría, la del Big Bang, una gran explosión de la que partió todo, incluso la luz, incluso el tiempo, incluso tú, incluso yo, sensación que no se le parece a nada, justamente a nada, y así musitemos casi en silencio, siempre con respeto y asombro:

“El poderoso Robocop…”.

sábado, septiembre 12, 2009

Placeres Culpables, la canción de “¿Qué vas a hacer esta noche?”

Creo que llega un momento de darnos permisos. De ser cursis. De ser retro sensibles. De explorar nuestros sentires musicales in extremis. De explorar nuestra área de alta sensibilidad escondida en alguna parte de nuestro cerebro que normalmente conviene que esté suprimida. De estar en los zapatos de quienes fuimos los años primeros de nuestra existencia racional (y su derivación emocional en plena contradicción) en toda su confusión al entender dentro de la consciencia, que ahí estaban ellas, nuestras objetos de deseo, y que se veían y sentían (eso por intuición) maravillosamente.

Sumado a lo anterior el reflexionar algo ya sostenido por mí de cierta manera al respecto de que la radio en los años setenta era nuestra cómplice, nuestra confesora, nuestro rayo de proyección en donde nos veíamos a lo lejos en la noche, en la soledad extrañamente acompañada, listos para hacer cosas desconocidas, que habíamos visto en la televisión o en el cine. Como una lucecita en medio de la oscuridad, no una estrella más, era más bien, LA estrella. Se pueden escribir cientos de palabras, miles, del poder de las canciones, de cómo se convierten en nuestros mensajes, en nuestras ideas.

Para esto, quiero decir lo obvio, que las mujeres son maestras en ese arte secreto, arcano y oscuro de saber qué canción particular corresponde a qué sentimiento, por más específica y rara sea la situación de la vida real que la esté afectando, su proceder, su efecto, consecuencia, ángulo, etc. Ese tema, como digo, da para más.

Y otra cosa, eso no lo comentábamos entre cuates, ¿cómo lo íbamos a decir?, ni a nuestros mejores amigos. Secreto de estado. Nuestra sentimentalidad descansaba en una canción.

Si se hubiera sabido sería escandaloso.

Probablemente no en una canción sola, sino en varias, pero cualquiera en particular, pudiera ser un buen punto de partida.

Así las cosas un día de mil novecientos setenta y tantos, creo, vi la película argentina de Los Muchachos de mi Barrio, por supuesto, con este chico, entonces, llamado Palito Ortega. En ese tiempo en que el cine argentino se dedicaba puramente a entretener.

Ya después Argentina dedicó parte de su cine a hacer apologías del gobierno militar, allá por los 80’s, y me tocó ver recientemente a Ortega participando en varias de esas películas, y esas las ves sólo para entender hasta donde llegó el aparato gubernamental argentino para justificarse. Pero Palito Ortega salió ahí y no parecía muy obligado ni compungido de hacerlo. Ahí están esas películas para comprobarlo. Triste caso.

Pero faltaban lustros para ello y ¿Qué vas a hacer esta noche?, la canción clave de la película es algo simbólica y de cierta manera evoca un momento bello, afecta, llama, y apela al sentido romántico del chico que está frente a la chica, momento durante el cual quizá ella no lo escucha, quizá porque ella es inalcanzable… tal como siempre nos sucedió a algunos de nosotros o quizá a todos, pero no lo dijimos.

Esta canción está llena de sentimentalismo, llena de esperanzas, llena de buenos deseos…

La historia va así más o menos. Lito, o sea Palito Ortega, crece desde pequeño adorando a una niña rubia, preciosa, llamada Elsita, pero él es pobre (¡pero honrado!) y parece que no tendrá oportunidad nunca con ella, crece, y de pronto, como es de esperarse, se lanza a la chica para que sea su novia, claro, en aquellos tiempos no había mucho más a lo que se pudiera lanzar, ella quisiera con él, probablemente, no lo recuerdo, pero el detalle es que ni él ni ella están destinados a estar una junto el otro, de seguir así las cosas, a ser ni siquiera novios. Las malditas clases sociales, como siempre.

El hecho de que la película se llame Los Muchachos de mi Barrio (que acabo de saber que se estrenó ¡¡¡en 1970!!!) no sirve de nada comentarla aquí, pero sólo les diré que la película está dedicada a ellos, a todos aquellos que formaban parte de una pandilla, de un grupo circunscrito a la periferia de un vecindario, de un barrio, de una cuadra, de un parque, de una escuela o tal y como le sucedió a mi hermano, al de un OXXO, que en aquellos tiempos en los que él se juntaba, solo había como 20 en toda la ciudad, y no como ahora que esos 20 son los que pueden existir sólo en una sola colonia y próximamente son los que tendrás en tu cuadra.

Entonces Lito, rechazado y dolido, se va en un barco en busca de fortuna, y solo se ve que regresa diez años después (bueno, desde el principio de la película toda la historia del Lito joven es mirada a través de flashbacks), y que él es ahora la gran función, él les demostró en todo ese tiempo a todos lo equivocados que estaban, que él sí era una gran estrella en ciernes y que actuaría en el gran teatro de su ciudad natal para que lo más selecto de la sociedad pudiera atestiguar su triunfo.

Rabieta soñada no hay mejor que esa, ya lo sabemos. El revanchismo, amable y sutil, pero revanchismo a fin de cuentas, que queremos todos los que hemos sido aplastados por el Sistema que nunca reconoció o no tuvo la capacidad para hacerlo, el percibir y menos, el recompensar nuestros talentos. Eso y pedir la luna, lo mismo.

(Que falta de humildad, modestia y nobleza se trasluce en este párrafo, ¿eh? Y del complejo de inferioridad, ni hablar tampoco. Que verguenza.)

Okey, demasiado infantil e inmaduro el asunto. Pues ni modo.

Después de la rabieta en vivo, quiero decir, del concierto, Lito se encuentra con todos sus viejos amigos, que lo esperaban, como en coincidencia cósmica, en la plaza del viejo barrio que por milagro del progreso no ha cambiado nada en lo absoluto. Los mismos vecinos que les hacen las mismas cosas para que no se sienten en las ventanas, cosas así.

Y ahí mira hacia la casa, la vieja casa donde su pretendida y bella Elsita, vivía ¿o vive?, tiene la esperanza mínima de que los diez años no han pasado en realidad. Pero sin embargo el tiempo pasó y nos atropelló, dirían algunos.

Pero este no es el caso. Esto es cine, recordémoslo, el material que forma nuestros sueños e ideales. Y de ahí sale esta canción.

¿Qué vas a hacer esta noche?,

Vamos, te invito a bailar,

o si prefieres un cine

o tan solo caminar.

La cosa es clara, no hay dinero (bueno, Lito si tiene en ese su momento del regreso y mucho, pero uno cuando se necesitaba no tenía) en ese sentido, estar con la chica adorada, ir con ella a donde sea, a caminar, a un cine, a un café, a un parque, (ahora un centro comercial, un mall, una plaza comercial, un antro) donde sea, pero que sea, y solos, sí, solos, lo que tenemos que decir es para que nos escuche solo ella y uno… ¿es mucho pedir?

La chica, Elsita, está allá arriba en su casa, debe estar ahí, no hay razones claras o prácticas para que en diez años se haya ido a otra parte, a estudiar, a trabajar, o lo peor, a casarse con alguien que no es uno. No, eso no es justo, no es plan, no es correcto, no hay sentido de justicia en el universo, ni pensarlo, ¿casarse? ¿Sin avisar? Jamás. ¿Sin que los amigos comunes avisen? Impensable. Los amigos son los amigos. Son el último baluarte incorruptible de la humanidad. Ellos jamás nos dirían mentiras ni nos ocultarían la verdad. Además hay celular, internet, Blackberry, Messenger, DHL, UPS, FedEx con el cual uno se puede comunicar… Bueno, en 1970 ¿qué había? Telegrama, carta, telex, ¿sería suficiente? No lo sé.

No, no señor… ¿o sí?

¿Qué vas a hacer esta noche?,

Vamos, te invito salir,

quiero encontrarme contigo,

algo te quiero decir....

Algo le queremos decir… ¿qué es ese “algo”?, ¿se puede sostener una plática interesante y de altura, llena de gracia, con una mujer al mismo tiempo con todo el nervio que nos corroe en la panza? ¿Qué, se va a burlar de nosotros acaso? ¿O nos dirá la peor frase, esa que dice, “te quiero pero… sólo como amigos”?, similar a la de “tú eres mi mejor amigo”. ¿O la otra peor, “sabes que ya tengo novio”?, ¿y la todavía más más peor? “Me casé, ¿no te contaron…?”

La decisión se rompe como por arte de magia, no sabemos de dónde sale ese valor, es un himno al suicidio, a la humillación por venir… o tal vez no y allá vamos con el deseo:

Esta noche voy a confesarte todo lo que siento,

esta noche tomaré tu mano te hablaré de amor,

esta noche voy a decidirme te hablaré de amor.

¿A qué edad sabemos que es hablar de amor? ¿Quién nos lo enseña? ¿Es algo natural? ¿Esta canción es romántica por ello? ¿Por qué es esta canción una visión idealizada de lo que haríamos de poder? ¿Cualquier ser humano con sangre en las venas lo pensaría así? Aquí se maneja mucho valor. Algunas personas puede que hagan esto una y otra vez y lo conviertan en una actuación, en un medio para conseguir algo más, todavía peor, puede ser un arte a ser dominado con el paso de los años.

Pero lo que sí es seguro es que nadie nos ayudará en esto. Es una de las más grandes soledades que existen, los momentos previos a hablar con una mujer, con esa mujer. Precisamente con esa mujer que es la que nos hizo regresar por ella después de diez años y que por circunstancias del destino ni le escribimos, menos le hablamos ni preguntamos por ella. Eso sí es un gran pequeño descuido, ¿no? Digo, pedimos paciencia, pero eso ahora es demasiado, pienso.

Diez años, caramba, tárdate eso en comunicarte con el amor de tu vida, a ver cómo te va.

Dejando atrás esas reflexiones recuerdo una ocasión que tuve 15 años, un martes 22 de noviembre de 1977 en el que yo estaba ahí en los pasillos de Instituto Mexicano-Norteamericano de Relaciones Culturales de Monterrey y le dije y ella me respondió…

¿Qué vas a hacer esta noche?,

vamos te invito a bailar,

o si prefieres un cine

o tan solo caminar.

Pero la vida es como es y no tiene script, en la película, que por algo es película, aparece la chica, Elsita bellísima, arriba en el balcón, pero eso sí, con el paso del tiempo demostrado con su cabello arreglado con chongo (adelantándose a Isabel Perón por cinco años, debo decirlo, pero no importa, no restemos romance e idealismo a la escena). Y él, Lito, encantado de la vida, la ve desde abajo, la mira con atención, está deleitado, contento, todos los sueños por los cuales luchó están ahí, en el balcón, a sólo unos metros de distancia.

¡Esperen! ¡Algo sucede en el balcón! Al lado de la bella hermosa y preciosa Elsita, aparece una niña al parecer rubia también, ¡y un niño! que también mira a Lito, quizá preguntándose qué pasa con la serenata sui generis.

Lito está destrozado. ¡Hijos! ¡Su amada Elsita tenía hijos! ¡Se casó hace algún tiempo! El tono de la canción ya no es el mismo. Todo cae en el pecho de golpe, en el cerebro se tarda más, eso no se asimila en cinco segundos. Pero es una película a fin de cuentas.

¿Qué vas a hacer esta noche?,

vamos te invito salir,

quiero encontrarme contigo,

algo te quiero decir....

Película a fin de cuentas, dije, en ese instante ella, la bien amada, vuelve a la casa, solo queda la niña que alcanza a decir: “¡Señor, espere, que mi tía Elsita va a bajar!”

¡La niña es sólo una sobrina! Ahhh, bueno, ella sí lo esperó, después de diez años, ella lo esperó, ¡esas son mujeres, no pedazos! Lito está contento. No cabe en su corazón.

Ya no hay más dudas, no más esperas. Es más, sus amigos se lo confirman. Ella lo esperó todos esos años.

Esta noche voy a confesarte todo lo que siento,

esta noche tomaré tu mano te hablaré de amor,

esta noche voy a decidirme te hablaré de amor.

Siendo una canción que acompaña a una película, es un indicador palpable de que todo termina bien. Todo. El 100% de las cosas. Bueno, eso se da más todavía si la película es comedia. Dudo que en la vida real las cosas sentimentales terminen tan bien, si es que estas terminan alguna vez, y al menos ya quisiéramos que eso pasase en un 50% o en un 25% o que todo redunde en una total incomprensión que sólo la Teoría del Caos comprende, comprueba, o pronostica.

La cosa, vida, es más difícil. Está hecha la vida de aprendizajes, de luchas, de entendimientos, de incomprensiones, de tropezones, de caídas, de pegarse la cabeza con la pared, de rechazos, pero así es. Es lo normal. No a todos les pasa en la vida exactamente así, depende de tu adaptación, de tu entorno, de con quién te relacionas, de toda la situación que tú mismo construyes o que se construye delante de ti. La que tú permites, la que se toma el permiso de hacerlo por ti.

Hay triunfadores, hay perdedores, y hay gente que transluce su vida en el medio de ese indicador, y son los más. Somos los más.

Pero en la soledad de la casa, en tu recámara compartida con tus hermanos, allá hace mas de veinte años, viendo la película de Los Muchachos de mi Barrio, pensando en esa canción de ¿Qué vas a hacer esta noche?, uno llegó a pensar en ese momento que esa canción era la que expresaba esa idea de esperar a la chica abajo, mirar hacia a el balcón, allá hacia arriba, y querer creer, poder creer , buscar incesantemente que la vida por un instante se detendrá y que tendremos toda la noche por delante sólo para nosotros dos…

Sólo para nosotros dos, eternamente…

Y el video está aquí , disfruten.


lunes, septiembre 07, 2009

Para cuando no estemos…

Un documental que ya vi no sé en qué canal, el Discovery, algo así. Era sobre que le pasaría a la Tierra si no estuviéramos. Así de plano.

Los humanos están. Un segundo después ya no están.

Supongo que fue realizado con el fin de que viéramos ese delgado equilibrio de las cosas que nos rodean. Una oda indirecta hacia el famoso Mantenimiento Preventivo más que al Correctivo. Algo similar al lema de “¡¡El Mundo se Acabará Mañana!!” Recordando también aquellos temas que veíamos en la prepa acerca de la fatiga del metal. Bueno, nos lo comentaron en alguna parte. Y vaya que aquí se ve todo así.

De cuando no estemos. Si por alguna causa viniera Dios (sobre todo los de aquella serie, ¡como diez!, de libros cristianos de Left Behind que es muy graciosa desde cierto punto de vista) o los Extraterrestres (que quieran servirnos, en comida) o una enfermedad ultraponzoñosacontagiosainfecciosa inmediata, el Osito Bimbo (que despertó del sueño rigoroso todo enojado cansado de todos los chistosos que juran por él) y decidiera(n) que ya no estuviéramos para cuidar nada de esta nuestra hermosa Tierra.

Sí, es un tema así como para no hacerse el gracioso.

Llegué tarde al programa, no recuerdo si dice como desaparecimos, pero empieza en materia en cuanto dice que si las plantas de energía funcionan hasta cierta cantidad de números de días. Luego la de los animales caseros que dependen de nosotros para vivir y ya no tienen comida. Luego la de hierbas que empiezan a o invadir los terrenos por todos lados, las hojas de los árboles. Y de ahí me paso hasta seis décadas.

Juro que luego le acomodo lo que me perdí.

El óxido llega. Nadie lo repara. Han pasado 60 años desde que nos fuimos. El óxido deshace el hormigón. El agua llega y se congela y se derrite con el paso del tiempo. Y eso hace que se expanda y contraiga todo a su alrededor.

Todo se fractura sin nosotros. Todo se desploma, poco a poco. El planeta nos empieza a controlar. Bueno, nosotros no estamos, más bien sería, el planeta empieza a tomar su control. Si es que uno pudiera figurarse al planeta como un ser vivo, como dicen los seguidores de Gaia y esos asuntos que dicen que nuestro planeta es como un organismo vivo y que nosotros somos solo parte de ella, como si fuéramos sus microorganismitos que pagamos impuestos y comemos McDonalds cada tanto tiempo y vamos a Acapulco cada año a un congreso de Cisco muy provechoso, pero aburrido.

Ahora son 120 años sin humanos. Los rascacielos se van cayendo. Es natural, nadie les hace caso. No hay gente de Mantenimiento Correctivo ni Preventivo. Nadie les pone aceitito. La erosión también lo cobra todo. En cuanto a fauna los lobos van llegando. Se posesionan de Europa. Comen lo que sea. El asfalto por otra parte se empieza a quebrar, está lleno de hierba. Por todas partes.

Londres será una ciénaga, el mar lo invadirá a causa de la falta de quien lo detenga. Las mareas lo irán consumiendo.

Los cambios de clima serán terribles. Las presas se vendrán abajo, todas, las más poderosas, las más orgullosas. Hechas de hormigón todas ellas también, pobrecitas. La erosión ya lo dije, lo destroza todo, hace que sus paredes todas se desploman. Y que las miles de toneladas de agua se desplomen sobre los ríos salvajes.

Lo que me asombra es como realmente vivimos en un hilito. Como todo depende de un equilibrio. Eso es lo que corta la respiración. Y que son ese tipo de cosas que a nadie le quita el sueño. Es como el cuerpo humano, bolsa de piel que contiene agua y huesos y órganos en una casi perfecta mezcla o dosis o combinación tan frágil que cualquier cambio nos pudo causar gripita leve. Otro cambio pequeñito en su fortaleza nos pudo dar A1H1.

Manhattan, un bosque de nuevo. Parece como cuando costaba 24 dólares de nuevo. Todo verde, todo arroyitos, todo vida silvestre. Los pajaritos cantan y la luna se levanta. En Nueva Orleans, el Mississippi regresa, el mar se recupera. Todo será felicidad para los ecologistas, ¿no?

Excepto que ya no hay ecologistas.

200 años sin humanitos y los peces vuelven. Los barcos están hundidos o encallados y… oxidados por supuesto. Todo el hierro también oxidado en las alturas, da de sí. La pregunta es cuál será el ultimo monumento para caer, ya que los humanos ya no están. Las pirámides han estado ahí por cuatro mil años. Pero son de piedra. Pueden aguantar mucho. Quizá la Gran Muralla.

Es como cuando vemos El Planeta de los Simios (1968) que ocurre en el año 3978 o quien sabe cual, dependiendo de la versión si la original de Franklin J. Schaffner o la de Tim Burton (2001) en donde vemos las ciudades norteamericanas (¿cuales otras? ¿hay más?) muy reconocibles (sobre todo en la ya clásica serie de TV de 1976 que en mi tierna adolescencia me impactaba sobre manera, con uno de los mejores temas musicales de la TV, extraño y misterioso), siempre con el asunto de la delatora Estatua de la Libertad en la playa.

Pero en ese momento el Coronel Taylor, o sea, Charlton Heston y después de todo lo que pasó el pobre con los simios malvados e intolerantes y suponiendo que estos primates volvieron a una vida más sana y primitiva con los humanos en esta película reducidos estos a una vida más todavía primitiva como animales, durante todos esos siglos, eso sí, por supuesto, sin Mantenimiento Preventivo.

Así, el bueno del coronel Taylor, no sé si la reconocería al ver lo que quedó ni si diría “¡Locos, lo volaron todo, ah, ¡los maldigo! ¡Dios los maldiga hasta el infierno!”, ya que primero en la vida real se le caería el brazo, luego la cabeza y sólo durante cierto tiempo quedaría la base y eso sería mucho antes de ese año de 3978.

Y no es la guerra nuclear en este caso, sino es la sencilla lluvia la que nos destruye las huellas nuestras. Corroe la pintura, el metal se expone, este se oxida, todo se cae, la Torre Eiffel se cae, los rascacielos también, como dije, estatuas, monumentos, etc. Los símbolos dejan de serlo. Ni quien barra.

La lluvia es la lluvia, el agua es el agua. Encuentra su camino y todo lo corroe.

Todo es gloomy, oscuro (o luminoso, ¿por qué no?, seamos optimistas al final), silencioso, como un parque funeral largo, grande, inmenso (pero luminoso).

Los arboles lo cubren todo, crecen, las hojas después de 200 años de ciclos de caer forman una nueva tierra con la que borran las calles, los pisos, sólo queda algo de plástico de aquí y allá, igual las botellas de vidrio que te dijeron que no tirarás en los bordes de las carreteras. Ah, porque el plástico y el vidrio ahí están donde los dejaste cuando fuiste descuidado.

El acero inoxidable siempre quedará. Por algo es i-no-xi-da-ble. Los fregaderos y demás de ese material siempre quedarán por siglos. Cool, ¿no?

Caballos, bisontes, de nuevo por todos los Estados Unidos. Los perros se hacen salvajes, digo, los que sobrevivieron. Todo se hizo salvaje de nuevo. Lindo, ¿verdad?

Se hace un salto, ahora son 1000 años sin mí, sin ustedes, sin nadie, en silencio todo. Como un planeta por explorar por alguien curioso. ¿Habrá vida inteligente afuera y habrá curiosidad?

La base de la Estatua de la Libertad todavía sigue. Ciencia Ficción a todo galope.

250,000 años después de los humanos. Cambios de la órbita nos enfrían más (que ahora suceden, pero muy lentamente y casi indistinguibles). La nieve nos invade, ¿es válido decir que NOS invade si ya no estamos? Ya no hay verano. Los glaciares llegan de nuevo a Manhattan (recuerdo una excelente historia de Arthur C. Clarke al respecto).

Pero en la Luna ahí están nuestras huellas. Un auto está ahí, el auto lunar que se llevaron en 1972 durante la misión del Apolo 15 (como me gusta ese modelo), una cámara de televisión, algunas cosillas más que todavía se encontrarán en la Luna. Eso es lo único que durará en el vacío de nosotros si es que se puede decir así.

Brrr.

No somos nada. No fuimos nada. Por eso este escrito es melancólico, es triste, es depresivo.

Es pensar en ese abrir y cerrar de ojos que es (fue, será, no lo sabemos de cierto) nuestra existencia. Adiós filosofías, adiós religiones, adiós búsquedas del creador de la humanidad, adiós todos.

Nuestras ciudades se fueron en un siglo. Sin bum y sin nada. No fue la burocracia o el tráfico. Solitas. Bosques y pantanos volvieron al concreto y asfalto. La radiación incluso desapareció con el tiempo, los desechos radioactivos quedaron bajo tierra para el regocijo de los presentes.

La Tierra permanece, dice la Biblia, y eso es lo que sucederá, realmente permanecerá.

Solo desaparecimos los que la molestamos al parecer. (Aunque suene cursi dicho así). (Y sí, suena cursi).
Dice el narrador al final que este documental fue de reflexión, que la Tierra puede sobrevivir sin nosotros, pero que nosotros no podemos sobrevivir sin la Tierra.

Como me encanta el momento en el cual el programa gloomy se acaba y puedo seguir comiendo papitas y un refresco de dieta pensando en lo que haré mañana y creyendo firmemente que escribiré más blogs sobre temas luminosos y que lo único que deseo es escuchar “Here Come The Sun” de The Beatles

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sábado, septiembre 05, 2009

REFLEXIONES DE LA GUERRA Y LA PAZ DEL BUENO DE TOLSTOI


Leí La Guerra y la Paz ya hace 27 años durante un viaje en autobús que hice con un amigo a casa de unos parientes a Los Mochis, Sinaloa, desde Monterrey.

Y sí, lo confieso: con el tiempo no recordaba casi nada de la novela.

Pero eso sí, ya había leído La Guerra y la Paz, mucha gente dice que se tarda uno más en leerla que León Tolstoi en escribirla, alrededor de cinco años.

El caso es que leí de nuevo LGYLP este año pasado, pero de una edición que compré hace también mucho mucho tiempo, y que nunca toqué hasta hace un año y medio, sin saber en realidad porqué me tardé tanto.

Como que el principio sentía que me intimidaba el asunto de tener que leer incontables notas de pie de página por aquello de que se habla y se habla mucho en francés durante la novela, y no sólo párrafos sino hasta páginas enteras y de ese modo te tocaba leer las respectivas notas de las traducciones al español, y de ahí lo que me llamaba un poco la atención: A ver, eran rusos, y se sentían amenazados por los franceses, pero procuraban hablar francés, por aquello de la delicadeza e intelectualidad del asunto entonces ¿qué onda?

Eso es lo que no entendía al principio, los rusos le temían a los franceses ¡pero al mismo tiempo los adoraban tanto que se la pasan mucho tiempo hablando el idioma del enemigo! Eso es lo sorprendente. Hasta que se va entendiendo el asunto, claro. Poco a poco las cosas van cambiando, conforme los franceses avanzaban más y más dentro de la Madre Rusia. Dice el conde Rostopchin casi a la mitad del libro:

“¿Podemos ir contra nuestros maestros y dioses? Mire a nuestros jóvenes, a nuestras señoritas. Nuestros dioses son los franceses; el paraíso de los rusos es Paris.”

Comentario que de cierto modo tiene resonancia actual.

Bueno, ese era un punto, lo que es claro es que LGYLP era, y es, una novela intimidante, muchísimos personajes. Mario Anteo un buen facebook-amigo, me dijo que él había contado en una ocasión más de trescientos. Y es cierto, hay montones y montones de ellos. La inmensa mayoría con una personalidad definida, un tic, una característica, un gesto especial. Nadie es de relleno en sí, todos cumplen una función. Desde el siervo que atiende una de tantas casas, hasta el príncipe y la princesa nosequé que aparecieron sólo una vez en una reunión particular o el oficial de enlace que en cierta escaramuza lleva las órdenes de algún general también ya olvidado para coordinar sus fuerzas enfrente del enemigo, pero que se siente lleno de miedo y se siente paralizado incapaz de llevar esas órdenes quizá cambiando la vida de muchos soldados que las necesitaban de manera urgente.

Por otra parte es de notar que la mitad de las princesas se llaman Ana y que las personas que se apellidan Kuraguin y Kuraguino no son parientes, cosas así. ¿Qué las cosas no son así? Léela, si lo dudas. Te reto.

La novela, obvio, sí es difícil, pero es como todo, una vez que le agarras la onda, dices, hey, aquí hay algo muy interesante, no se vayan todavía, habrá guerras, habrá intrigas, habrá escenas emocionales que parecen antecedentes directas de las telenovelas actuales, y dos o tres, o cinco o seis, coincidencias grandísimas que le dan sentido especial a la historia.

Pero, ¡qué impresionante novela es La Guerra y la Paz! (Obvio). La disfruté muchísimo. Llegó un momento en que deseé que no se acabara. Que se me hacía una lástima no saber más de las familias. Fue como si de pronto de cierta manera ya te sintieras parte de ese ambiente, de esas vidas. Estar en sus medios familiares, en sus campos, en sus ciudades, en sus batallas, Tolstoi te integra poco a poco, te hace sentir la textura, el olor, el aroma, la atmósfera misma.

Hay una escena de un baile, el de la noche de fin de año de 1809, en el que Natasha Rostov, de dieciseis años, está contentísima, deseando bailar con toda la alegría y esperanza y luminosidad que esos años podrían guardar en su joven cuerpo y alma. Pero esta manera de explicar o rememorar una escena se queda corta, veamos a Tolstoi, que pone:

“Me gustaría descansar y quedarme con usted, estoy cansada; pero ya lo ve; me eligen y esto me hace feliz y dichosa. Amo a todos y usted y yo comprendemos todo esto.”

Eso y muchas otras cosas decía su sonrisa. Cuando el caballero la dejó, Natasha cruzó la sala en busca de dos damas para la figura.

“Si se acerca primero a su prima y después a la otra, será mi mujer”, se dijo inesperadamente el príncipe Andrei sin dejar de mirarla. Natasha se acercó a su prima.

“Qué tonterías se me ocurren a veces –pensó el príncipe Andrei–. Pero lo cierto es que esta joven es graciosa, original. Antes de un mes se habrá casado. No se encuentran todos los días muchachas como ella en este ambiente”, pensó cuando Natasha, arreglándose la rosa del corpiño, vino a sentarse a su lado.

Al terminar el cotillón, el conde, con su frac azul, se acercó a los bailarines. Rogó al príncipe Andrei les hiciera una visita y preguntó a su hija si estaba contenta. Natasha no contestó nada; se limitó a sonreír con una sonrisa que parecía un reproche: “¿Cómo puedes preguntarme eso?

–¡Soy feliz como nunca lo he sido! –dijo después.

Y el príncipe Andrei observó que los delicados brazos de la joven se levantaban rápidamente para abrazar a su padre y se bajaban en seguida. Natasha era tan feliz como nunca lo había sido. Se encontraba en ese estado de dicha suprema en que las personas se hacen buenas del todo y no creen en la posibilidad del mal, de la desventura o del dolor.

Eso no es escribir, eso es pintar de manera impresionista un cuadro hermoso, ágil, activo, bello, exacto y preciso,Tolstoi se tardó años en escribir esto y parece fácil, como lo que hacen los grandes maestros cuando hacen obras maestras, pero no lo es.

Sus atmósferas, sus espacios, sus lienzos que escribe y describe, algo como lo que hace Gustave Flaubert en Madame Bovary, la precisión y sensibilidad con la que retrata la campiña rusa, el salón de baile, la casa de campo, el palacio, el patio, el deseado y angosto puente de madera a ser tomado por el enemigo, la batería de cañones que es la que sostiene la posición contra todo pronóstico, el salón donde se juegan cartas y se cambian fortunas, el cuarto donde sucede la seducción, la casa vacía y saqueada a punto de ser quemada, el campamento excavado en la tierra a la espera de la siguiente batalla, el pabellón de moribundos aguardando el final, la escena de la muerte a caballo, la bala fatídica, la escena de la fiesta, el misticismo del diario escrito, la escena de la retirada fatal, el respiro de Tolstoi para darnos clases de geopolítica europea, la fastuosidad del desfile, las

entrevistas de los emperadores, la fuerza cósmica del mismo Napoleón, las líneas de combate siempre en movimiento, el ornato del uniforme, la carreta llena de heridos, el fango que todo lo detiene, el frío inclemente que juega su carta, los labriegos que no saben ser libres, los nobles que saben que viven en el mejor de los mundos posibles, los miles de heridos, las miles de vidas, los miles de muertos…

Todos puntos de luz en la pintura del mural que Tolstoi maneja, controla, siente, despliega, convoca, provoca, invoca.

Sí, hay momentos en que Tolstoi moraliza, analiza, profundiza de manera implacable, no por nada un escritor es el Dios de su novela, el sumo creador de todo su conjuro: el haber creado a esos personajes, el haberlos hechos vivos, tan cercanos a nosotros, entrañables, vivos, que nos hizo participes de las vidas y muertes de algunos de ellos, algunas muy sentidas, otras inexplicables, cayendo en el mismo misterio, tal y como sucede en nuestra misma realidad. Como Tolstoi nos va mostrando las fragilidades y contradicciones, debilidades y fortalezas del carácter humano, las veleidades de nosotros mismos, así, aún en nuestro siglo 21, llenos de cinismo, ironía, desconfianza, desesperación y resignación, nos seguimos viendo retratados de manera absoluta, en ese mismo espejo, no por nada La Guerra y la Paz es un clásico absoluto en sí mismo y por lo mismo lo único seguro es que se seguirá leyendo en los siglos por venir.

Es en las ocasiones que Pierre Bezujov se hace las eternas preguntas de para qué estamos aquí, y de cuál es el propósito de nuestras vidas, dada su posición de millonario, terrateniente y playboy, que penosamente empieza a comprender las respuestas a través de brutales sinsabores, nos hace reflexionar si es necesario un shock, o shocks, así de potentes para llegar a aterrizar nuestras propias vidas frente al marco de referencia del espejo de la existencia nuestra y de la de nuestros semejantes.

Por otra parte Nikolai Rostov, el impetuoso, pero a final de cuentas obediente, nos da esa imagen de aventura que desea al lado de la gloria que se obtiene de pelear por el ideal en que se cree y que se simboliza en la misma imagen del emperador, símbolo vivo, magnífico, también de la Madre Rusia. Lleno de determinación, Nikolai va de campo en campo, con el objetivo de dar su propia vida por su país invadido y en medio de toda la confusión, también en la búsqueda del romance inesperado, encuentra el amor de la manera más insospechada.

Natasha Rostov, ejemplo vivo de aquellas jóvenes que quisimos conocer en la flor de la edad, Tolstoi nos la muestra como llena de esas contradicciones que sólo la edad compone o sofistica, niña-mujer hecha dulzura, dicha, alegría, ella busca un ideal y al parecer lo encuentra, sólo para echarlo a perder de manera inesperada, con lo cual proporciona a la novela el soporte emocional al cual siempre Tolstoi vuelve, aún y que el ejército ruso está en manos del destino al llegar el invasor francés desafiando a las mismas puertas de Moscú.

Esa es la habilidad de Tolstoi, la manera en la que en una página muestra al gran Napoleón hablando y dirigiendo a sus mariscales de campo, llenándolos de su gracia y su estrategia y como en las otras dos siguientes a través de una transición sin macula, la historia se vuelve a centrar en Natasha, o en Pierre, o en el príncipe Andrés Bolkonski.

Tolstoi es cauto al presentar a Napoléon, le concede que fue un genio, hasta que atravesó la frontera polaca y se adentró en Rusia, en el malhadado año de 1812, y de ahí en adelante muestra a Napoleón como sólo una sombra de alguien grande que de hecho, se creyó ser el gran Napoleón.

Y si tan sólo Adolfo Hitler hubiera leído con atención La Guerra y la Paz, quizá, sólo quizá, ahora todos estaríamos queriendo hablar alemán, en vez de inglés.

Algo hubiera aprendido en el intento.

Y finalmente, la reflexión sobre algo increíble, LGYLP es una novela en la que la familia triunfa, por sobre todas las cosas, la fe triunfa, la madre Rusia triunfa, la confianza en que los rusos defenderían a toda costa su país, también. Pero la familia, el mismo núcleo del que nace todo, es la que otorga la fuerza y el poder al individuo. La pobre madre. La prima hermosa y consciente. El padre que todo lo da por el hijo. Los hijos y las hijas que sueñan con algo más importante de lo que pueden imaginar.

La que derrotó a Napoleón, por sobre todas las cosas, llámese estrategia, mariscales, la Grande Armée, instinto, profesionalización y demás, fue la familia en sí.

Ni más, ni menos.

Sí, creo que LGYLP es un libro que no sólo se lee, sino también, se relee con gusto, como cuando sientes que pasan tres años o más de haber leído uno memorable y dices, ¿qué me dirá de nuevo ahora este? Y es increíble lo que se obtiene de ello. Nuevas perspectivas, nueva comprensión, nueva reflexión. Eso es lo que yo obtuve de releer esta novela 27 años después.

Me tardé mucho en hacerlo.

Pude haberme evitado invadir Rusia de nuevo.

Okey, no fue así, pero, ustedes me entienden, ¿verdad?

(Fotografías de la película La Guerra y la Paz, de Sergei Bondarchuk, de 1968)

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